¡Un destructor avanza contra ti! ¡Monta guardia en la fortaleza! ¡Vigila el camino! ¡Cíñete la cintura! ¡Reúne todas tus fuerzas!
Nahum 2: 1
«Pastor, ¿debo esforzarme en la vida cristiana?», es lo que muchos preguntan. «¿Jesús ya no hizo todo por mí? ¿Quién es el que debe esforzarse: yo con la ayuda de Jesús, o Jesús en mí?»
El asunto es delicado y muchos cristianos, sencillamente, no entienden este aspecto vital de la experiencia cristiana.
«¡Un destructor avanza contra ti!», dice el versículo de hoy. «¡Monta guardia en la fortaleza! ¡Vigila el camino! ¡Cíñete la cintura! ¡Reúne todas tus fuerzas!»
En la vida cristiana el esfuerzo supremo del hombre debe cooperar con la gracia de Dios: debemos «vigilar el camino», «reunir todas las fuerzas». ¿Cómo puede conseguir eso el ser humano? «Las plantas y las flores crecen no por su propio cuidado o solicitud o esfuerzo, sino porque reciben lo que Dios ha provisto para que les dé vida. El niño no puede, por su solicitud o poder propio, añadir algo a su estatura.
Ni tú podrás, por tu solicitud o esfuerzo, conseguir el crecimiento espiritual. La planta y el niño crecen al recibir de la atmósfera que los rodea lo que les da vida: el aire, el Sol y el alimento. Lo que estos dones de la naturaleza son para los animales y las plantas, lo es Cristo para los que confían en Él… Así tu también necesitas el auxilio de Cristo, para poder vivir una vida santa, como la rama depende del tronco para su crecimiento y fructificación» ( El camino a Cristo, págs. 67, 68).
El ser humano necesita buscar diariamente el poder en la única fuente de poder: Cristo. Pero buscar a Jesús a toda hora y en cada momento no es fácil, porque llevamos una naturaleza pecaminosa dentro de nosotros, y lo que más le gusta a esa naturaleza es vivir apartada de Dios. Aquí es donde tenemos que concentrar toda nuestra atención: «Cíñete la cintura! ¡Reúne todas tus fuerzas!»
Al vivir una vida de permanente comunión con Cristo, Él habita en nosotros por medio de su Santo Espíritu, y el Espíritu santifica nuestra voluntad pecaminosa y nos lleva a la victoria.
Es necesario entender que el hombre puede tener dos tipos de voluntad: la voluntad pecaminosa, cuando está sin Cristo, y la voluntad santificada, cuando está con el Señor. Esforzamos por vencer el pecado por medio de la voluntad pecaminosa, es dar la cabeza contra la pared, es tratar de desplazar el Aconcagua empujándolo. Esforzarnos por vencer el pecado por medio de la voluntad santificada es otra cosa, porque ella es invencible.
Pero nosotros sólo tenemos la voluntad santificada mientras estamos en comunión con Cristo y permitimos que el Espíritu Santo habite en nosotros. En el momento en que nos separamos de Jesús, nuestra voluntad vuelve a ser pecaminosa y, por lo tanto, incapaz de vencer la tentación.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
