Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda
(Mateo 5: 23, 24)
Hay momentos en los que necesitamos asumir ciertas actitudes, por difíciles que sean. Son nuestras responsabilidades intransferibles.
Por medio de la experiencia de Pablo y Silas en prisión, Dios estaba obrando activamente en el carcelero que, aun viendo las heridas hinchadas y sangrientas de los dos hombres, les había prendido los pies al cepo. El carcelero había observado sorprendido que, en lugar de reclamos e injurias, Pablo y Silas oraban y cantaban. Llegada la noche, se durmió tranquilo.
De repente, el carcelero fue despertado por un temblor de tierra. Una luz intensa iluminó la prisión, las puertas firmemente cerradas se abrieron y las cadenas cayeron de las manos de los presos. Con miedo de perder a sus presos y pagar la fuga con su propia vida, el carcelero sacó la espada y estuvo a punto de suicidarse, pero Pablo lo tranquilizó. La bondad de aquellos prisioneros ante la crueldad que habían sufrido fue determinante para que este hombre reconociera su necesidad de Dios. Entonces, humildemente, rogó a los apóstoles que le mostraran el camino de la vida.
Inmediatamente, el carcelero les lavó las heridas, los cuidó y fue bautizado. Es interesante notar que él personalmente lavó las heridas de Pablo y Silas. Ǫuizá podamos ver en ese acto un ejemplo de la necesidad de resolver situaciones pendientes de las cuales la conciencia aclarada por la luz del evangelio nos acusa.
¿Será que no pasó por la mente del carcelero que esa actitud podría ser algo incómodo y humillante? Pero su acto se volvió muy relevante, pues él mismo había sujetado los pies de los apóstoles.
Zaqueo, después de su encuentro transformador con Jesús, salió por la ciudad de Jericó para buscar a las personas a quienes había perjudicado financieramente. ¿Será que el sindicato de los cobradores no lo presionó a cambiar de idea? Finalmente, el pueblo podría volverse contra ellos. Zaqueo sabía que, para tener la conciencia tranquila, necesitaba asumir esa responsabilidad intransferible.
Nadie puede sentir tu dolor, ni arrepentirse por ti, comprometerse con Dios, pedir perdón y reconciliarse o aun salvarse en tu lugar. Esas son responsabilidades intransferibles.
¿Has orado pidiendo paz a Dios? ¿Hay algo que necesitas hacer ahora para que pueda venir esa paz? Hazlo. ¡Y que Dios te oiga!
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
