“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él sólo; si te oyere, has ganado a tu hermano”.
Mateo 18:15
Las quejas entraban en tropel a su oficina. Morgan tenía un trabajo hecho ‘a la medida’ para él. Parecía que todos los alborotadores del recinto universitario venían a su internado. Por los pasillos, sólo se oían quejas y más quejas. Nadie parecía llevarse bien. El preceptor ya no daba más. No podía resolverlo todo.
Un día, después de leer en el Evangelio según San Mateo el consejo de Jesús, que dice: Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mat. 18:15), se le ocurrió algo. Propondría al estudiantado actuar conforme a esas palabras de Cristo.
Convocó, pues, a todos a reunión y estableció una nueva norma: de allí en adelante, antes de acudir a él con cualquier queja, cada uno tendría que hablar personalmente con la persona de la que quisiera quejarse. Tendría que tratar el problema, primero directamente y en privado, con la persona que le hubiera ofendido.
Dicho esto, el preceptor Morgan esperó para ver qué sucedería. Al principio, temió que todo este asunto de “ir al hermano” los llevaría a constantes confrontaciones. Sin embargo, pronto comenzó a notar que el internado estaba más tranquilo que de costumbre. Ya nadie llegaba a su oficina para presentar una queja.
El Sr. Morgan descubrió que los estudiantes habían puesto en práctica las palabras de Jesús, y que los resultados no podían ser mejores. Por grandes o pequeños que fueran, todos los problemas y conflictos se estaban resolviendo rápidamente.
Los estudiantes del internado continuaron actuando sobre la base de la palabra de Cristo, y por lo mismo, siguieron obteniendo excelentes resultados. Hacia el fin del año escolar, el internado a cargo del Sr. Morgan se había convertido en un modelo para el resto de la universidad. Lo que había sido el peor lugar del recinto universitario, se convirtió en el mejor.
Yo he visto funcionar este principio en mi propio ministerio, por 38 años. Cuando se sigue, los corazones se sanan, las barreras caen y lees conflictos se resuelven. Propóngase no comentar con nadie la conducta negativa de un tercero, sin antes hablar con este al respecto. Acuda a él o a ella, en el espíritu del amor cristiano. Preséntale el problema con humildad Dele a Dios la oportunidad de obrar.
Los problemas que a sus ojos son enormes pueden disiparse con sólo permitir que la otra persona se explique. Dedíquese a resolver los problemas de relaciones interpersonales a la manera de Dios, y vea lo que sucede.
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Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
