«Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: «Señor, queremos ver a Jesús»
Juan 12: 20, 21
ERA DÍA DE FIESTA en Jerusalén y Jesús hacía su entrada triunfal en la ciudad, dando apenas una vislumbre de su glorioso aspecto de rey y soberano. Entre las miles de personas que habían ido a la fiesta, un grupito de griegos, cansados de su religión hueca y sin sentido, buscaba a Jesús. Los griegos racionalizaban todo. En la vida de ellos no había lugar para la fe. Dios tenía que ser llevado al laboratorio y analizado bajo la lente de un microscopio para ser aceptado. Por eso, los dioses griegos tenían forma humana y se les atribuía pasiones humanas. De otra forma, no lograrían creer.
Los dioses humanos no salvan, ni son capaces de llenar el vacío del corazón. Esos griegos estaban cansados de los cultos paganos ofrecidos a dioses de barro. Allí en el fondo de su ser sentían que necesitaban algo superior. Y cuando oyeron hablar de Jesús, dejaron todo y se dirigieron a Jerusalén.
El texto bíblico dice que buscaron a Felipe y le dijeron: «Queremos ver a Jesús». Este clamor de los griegos es más serio de lo que imaginamos. Ellos querían ver a Jesús, y tanto en esos tiempos como hoy, cuando las personas desean ver a Jesús buscan a sus discípulos. Nosotros, los cristianos, somos el mayor argumento que Jesús tiene para probar a los seres humanos que el evangelio funciona transformando vidas. Las personas que todavía no aceptaron a Jesús están mirando nuestra vida para ver si hay coherencia entre lo que predicamos y lo que vivimos.
Felipe y Andrés llevaron a los griegos a Jesús, y entonces Jesús les mostró el difícil camino cristiano a esos aspirantes al reino. Jesús habló de muerte, de sufrimiento, de rechazo, de burlas. «El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará» (vers. 25).
¿Estás deseoso de seguir a Jesús? ¿Deseas conocerlo y seguirlo porque lejos de él no hay nada que compense? ¿Experimentaste en tu vida la búsqueda incesante del corazón y, finalmente, encontraste a Jesús en tu camino y estás dispuesto a dejar tu destino con él? ¡Felicitaciones! Pero recuerda: Seguir a Jesús significa muchas veces ser despreciados por los amigos de otros tiempos. Otras veces significa rechazo por parte de los parientes. Serás llamado «loco», «fanático», «cuadrado». Muchas puertas se cerrarán. Tu barco, en algún momento, dará la impresión de naufragar. Pero no te olvides, tú no serás ni la primera ni la última persona que pasa por todo eso. Muchos ya decidieron. Muchos sufrieron y hoy son victoriosos en Cristo, y disfrutan la paz que solo Jesús puede ofrecer a los que corren a sus brazos y viven con él una vida de comunión diaria.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
