«Dando gracias al Padre que nos hizo dignos para participar en la herencia de los santos en luz». Colosenses l: 12, JBS
SON TANTAS LAS BENDICIONES y beneficios que recibimos cada día que, si tuviéramos que enumerarlos, nos faltarían tiempo y espacio. No obstante, demos siempre gracias a Dios por la salvación de nuestras almas, algo que nunca podríamos pagar, aunque lo intentáramos. Digamos: «Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza, a ti, Padre del cielo, te aclama la creación. Postrados ante ti, los ángeles te adoran y cantan sin cesar: «iSanto, santo, santo, Jehová de los ejércitos! iToda la tierra está llena de su gloria!»» (ver Isaías 6:3).
Reflexionemos hoy en esta pregunta: ¿Qué ofrecemos nosotros al Señor en gratitud? Abel ofreció a Dios el cordero más grande y perfecto de su rebaño, y el Señor aceptó aquella ofrenda llena de gratitud, pues era de acuerdo a su petición y su voluntad: «Miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda» (Génesis 4:4).
Abraham llevó a su único hijo al monte Moriah para ofrecerlo como ofrenda a Dios tal como él se lo había pedido, y en respuesta a su gratitud, Dios proveyó la ofrenda que hacía falta, librando a Isaac de la muerte (Génesis 22: 1-13). El pueblo de Israel ofrecía cada año una Pascua con sacrificios en gratitud a Dios por haberlos liberado de la esclavitud de Egipto. Cuando comenzaron a disfrutar los frutos de la tierra, ofrecieron comida preparada en el altar. Los sabios del oriente fueron guiados por la estrella que iba delante ellos hasta llegar a Belén, donde estaba el niño Jesús. «Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra» (Mateo 2: IO, l l).
Asimismo, Job, tras curarse de su enfermedad y haber recuperado el doble de sus posesiones e hijos, ofreció a Dios una de las ofrendas mejor recibidas por el cielo: su corazón. No ofreció corderos o frutos de la tierra, ni un salmo o un Canto, sino su propio corazón, para que Dios lo moldeara según su voluntad.
Motivados por estos ejemplos, entreguemos a Dios la ofrenda de nuestro corazón’ en olor grato ante su altar.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
