También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver y se gozará vuestro Corazón y nadie os quitará vuestro gozo. Juan 16:22
Hay personas y circunstancias él la vida que tratarán de arrebatarte el gozo que recibiste como herencia al aceptar a Jesús. Mientras conduces tu auto hacia el trabajo, el trafico insoportable trata de quitármelo. La actitud desconsiderada de tu jefe o de un compañero de trabajo te hará sentirte mal. Un comentario desconsiderado o una palabra descortés con respeto a ti trataran de hacerte perder gozo.
Las palabras de Jesús son enfáticas: “Nadie os quitara vuestro gozo”, no importa lo que ocurra. Nada ni nadie podrían hacerte infeliz. No permitas que te roben tu gozo. Eres el único responsable de tu infelicidad. Si escudriñas los escritos del apóstol Pablo encontraras que nunca oró para que la gente no tuviera problemas, sino para que tuvieran una Buena actitud. Tienes el poder de Dios a tu disposición para vivir en paz. Dile al Señor que pones tu día y tus planes en sus manos. Cuando el tiene el control de tu vida, nadie podría alterar tu estado de ánimo. Cuando Dios dirige tu vida, no son los otros los que definen tu actitud, tus sentimientos, tus reacciones o tu comportamiento.
No cometas el error de pensar que, si tu esposa cambia su manera de ser, o el jefe para quien trabajas te da un trato mejor, o si el vecino se comporta de manera diferente, entonces serás feliz. Para ser feliz, no son ellos que tienen que cambiar, sino tu mismo. Cambia la forma de aproximarse a los demás, y en tu vida Habrá gozo y tranquilidad.
Un caballero viajaba en sus Mercedes-Benz por la carretera. De pronto, una pedrada hizo añicos el parabrisas del lujoso automóvil. Inmediatamente, se escuchó el típico chirrido que sigue al freno intempestivo de un vehículo. Aquel caballero, que viajaba feliz, se transforma en segundos en un furioso y violento energúmeno. Pero en el momento en que se disponía a golpear al causante del daño, escucho a un pobre niño que, con voz entrecortada y anegado en llanto, le suplicaba:
“¡Señor, ayúdeme, ¡por favor!
! ¡Mi hermanito esta muy herido y necesito llevarlo a un hospital!”
Al escuchar aquellas palabras el rostro furioso se transformó en el acto en un rostro lleno de compasión.
Decide esta mañana que nada ni nadie te arrebatará el gozo de Cristo. Sigue el ejemplo de tu Señor, que se mantuvo imperturbable en medio de la más furiosa tempestad.
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Tomado de: Lecturas Devocionales Familiares 2020
«Siempre Gozosos: Experimentando el amor de Dios»
Por: Juan O Perla
Colaboradores: Augusto Palacios & Erika de la Cruz
