EL PERDÓN DE DIOS
«Si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros; pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad. Si decimos que no hemos cometido pecado, hacemos que Dios parezca mentiroso y no hemos aceptado verdaderamente su palabra». 1 Juan 1: 7-10, DHH

EL CORAZÓN HUMILLADO y contrito, doblegado por el arrepentimiento genuino, podrá apreciar un poco el amor de Dios y el costo del Calvario; y de la misma manera como un hijo confiesa ante un padre amoroso, el que está verdaderamente arrepentido presentará todos sus pecados ante Dios. Y escrito está: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiamos de toda maldad» (1 Juan 1: 9).—Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 603.
Todo pecado es ofensa hacia Dios, y ha de ser confesado por medio de Cristo. Todo pecado cometido abiertamente debe ser confesado abiertamente. El mal hecho al prójimo debe subsanarse ofreciendo reparación al perjudicado. Si el que pide sanación es culpable de alguna calumnia, si ha sembrado la discordia en la familia, en el vecindario, o en la iglesia, si ha suscitado enemistades y disensiones, si mediante siniestras prácticas ha inducido a otros al pecado, ha de confesarlo todo ante Dios y ante los que fueron perjudicados por ellas.— El ministerio de curación, cap. 16, p. 148.
No hemos de confiar en nuestra fe, sino en las promesas de Dios. Cuando nos arrepentimos de nuestras pasadas transgresiones de su ley y resolvemos obedecer de ahí en adelante, deberíamos creer que Dios nos acepta por causa de Cristo y perdona nuestros pecados.
Algunas veces nos sobrevendrá la oscuridad y el desaliento, y amenazarán abrumarnos; pero no deberíamos desechar nuestra confianza. Debemos mantener la vista fija en Jesús, sintamos o no algún tipo de emoción o una conmoción interna. Deberíamos tratar de cumplir fielmente todo deber conocido, y confiar luego tranquilamente en las promesas de Dios.— Mensajes para los jóvenes, secc. 3, p. 77, adaptado.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«FAMILIARIZÁNDONOS CON LA MISERICORDIA DE DIOS»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
