«Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron allá todos ellos, como era costumbre en esa fiesta […]. Cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén […]. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los
que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto?
Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Jesús les contestó: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?”» (Lucas 2: 42, 43, 46-49).
«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas vecesquise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos bajo las alas, pero no quisiste!» (Mateo 23: 37). La encarnación del Hijo de Dios, totalmente humano y totalmente divino, sigue siendo un misterio. ¿Cuándo se enteró Jesús de su dualidad? ¿Cuán triste crees que se sintió al ser despreciado y rechazado por los hombres, aun por los de Nazaret que lo habían conocido más tiempo?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes
2do trimestre 2017 “LIBERTAD SIN FIN.”
Lecc. 05. «Un Turbulento Regreso A Casa».
