«Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor,junto al trono de Dios» (Heb. 12:2, NTV).

Sabes lo que estoy por decir, ¿verdad? ¡No podemos perder de vista a Jesús ni a las realidades celestiales! Como ciudadanas del Reino de Dios, debemos mantener la mirada fija en el Rey, para no marearnos y caernos. En su Carta 30, de 1893, Elena de White nos recuerda: «Cuanto más contemplamos lo celestial, tanto menos vemos cosas deseables o atractivas en lo terreno. Cuanto más continuamente fijamos el ojo de la fe en Cristo […] tanto más crece nuestra fe; nuestra esperanza se fortalece, nuestro amor se hace más intenso y ferviente […] y nuestra inteligencia espiritual aumenta». ¿Te diste cuenta? ¡Esta es la técnica del punto fijo! Los ojos son el timón de tu cuerpo; si los fijas en el Cielo, toda tu vida girará en esa dirección.
Jesús, el que comenzó y terminará la buena obra en tu corazón, es el punto de referencia. Jesús, el que miró más allá de la Cruz, anclando su propia mirada en nuestra felicidad futura, es el punto fijo. Jesús, el campeón que noqueó a la muerte con su resurrección y que nos ofrece vida eterna y abundante, es el único digno de ser el centro de nuestra mirada.
Jesús, no hay otro más bello, más poderoso o más amante que tú. Quiero mirarte cada día, a cada hora y a cada minuto. Aquí y ahora, y cuando vuelvas a buscarme, tú eres mi punto fijo.
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Lecturas Devocionales para Damas 2022
“SIN MIEDOS NI CADENAS”
Por: VANESA PIZZUTO
Colaboradores: Rosalba Barbosa & Adriana Jiménez