“para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca, a causa de tu vergüenza, cuando yo perdone todo lo que hiciste, dice Jehová el Señor.” Ezequiel 16:63

Un día, una colega me preguntó cuánto ganaba. Cuando le respondí, me dijo: “¡Eso es injusto! ¿Cómo una profesora con tanta experiencia como tú puede estar contenta con ese sueldo? Las docentes que no tienen tu experiencia ganan lo mismo o más que tú”. Después de aquella conversación me sentí triste y preocupada, y pensé que quizá no valoraban mi trabajo, o se aprovechaban de mí considerando que por ser esposa de pastor debía trabajar gratuitamente.
Después de meditar y orar fui a hablar con el administrador del colegio, pero salí mucho peor y confirmé mi presentimiento. Además, me dijo: “Algunos padres se han quejado de tu trabajo”. Lloré mucho y me desanimé. Le pedí a Dios que me ayudara. Mi esposo me animó para seguir adelante. Mi primera reacción fue dejar todo, pero sabía que mi trabajo era necesario y seguí haciéndolo como siempre lo había hecho: de la mejor manera, porque lo hacía para el Señor.
Dios me dio mucho más que un sueldo. En diciembre, la institución y los padres evaluaron el trabajo de cada docente. ¡Qué sorpresa me llevé cuando fui condecorada como la mejor profesora del año! Tiempo después, volví a ver a aquel administrador y para ese entonces se mostraba avergonzado. Hablamos cristianamente y comprendí que todos los seres humanos nos equivocamos. El Señor nos ayudó a ambos, pues él siempre nos da otra oportunidad.
Querida amiga, sin duda nos encontraremos con gente que tratará de derribar nuestra autoestima y hacernos sentir mal, pero si caminamos con Jesús los falsos testimonios quedarán en evidencia. El se encargará de hacer justicia.
Katty Chug de Alvarez, Perú
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen