«Yo les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz».
Efesios 4: 1-3, NVI
Pablo ruega a los efesios que conserven la unidad y el amor. Las divisiones que haya en la iglesia deshonran la religión de Cristo delante del mundo, y dan a los enemigos de la verdad ocasión de justificar su conducta.— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 221.
La unión de los creyentes con Cristo conducirá, como resultado natural, a la unión entre ellos, la cual es la más duradera.que pueda haber en la tierra. Somos uno en Cristo, así como Cristo es uno con el Padre. Los cristianos son ramas, y nada más que. ramas, unidas a la Vid viviente. Nuestra vitalidad vendrá del tronco principal. Es solo por medio de una unión personal con Cristo, de una comunión diaria, a cada hora con él, que podremos llevar los frutos del Espíritu Santo. Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo y del grado de fe que ejercitemos en él.— Ibid., p. 45.
La palabra y el espíritu de la verdad morando en el corazón nos separarán del mundo. Los inmutables principios de la verdad y del amor vincularán los corazones, y la fuerza de la unión estará de acuerdo con la medida de la gracia y de la verdad que se disfrute.— Ibid., pp. 506, 507.
La vid tiene muchos pámpanos, sin embargo, aunque todos son diferentes, no pelean entre sí. Hay unidad en la diversidad. Todos los pámpanos obtienen su alimento de la misma fuente. Esta es una ilustración de la unidad que debe existir entre los seguidores de Cristo. En los diferentes tipos de trabajo que realizan deben tener una sola Cabeza. El mismo Espíritu, de distintas maneras, obra por medio de ellos. Hay acción armoniosa, aunque los dones difieran. Dios llama a cada uno a hacer el trabajo señalado de acuerdo con la capacidad que se le ha dado.— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1090.
Hay un carácter que debemos mantener, pero es el de Cristo. Si tenemos el carácter de Cristo, podemos trabajar juntos en su obra. El Cristo que esté en nosotros responderá al Cristo que esté en nuestros hermanos, y el Espíritu Santo consagrará esa unión de sentimientos y de acción que atestigua al mundo que somos hijos de Dios [… ] Lo que el mundo necesita es ver este milagro: los corazones de los hijos de Dios ligados unos a otros por el amor cristiano.— Testimonios para la iglesia, t. 9, pp. 150, 151.
EL ESPIRITÚ DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
