Los soldados que iban a azotarlo, al oír que Pablo era ciudadano romano, se apartaron de él. El comandante mismo tuvo miedo de haberlo encadenado. Hechos 22:29. HBV.

El tribuno no entendió el discurso hebreo, pero dedujo que Pablo era culpable de algún delito, y ordenó que fuera azotado. El azote era una tac- tica para obtener respuestas del reo. El látigo tenía tres cuerdas: una de piel de buey y dos de piel de asno, secas y retorcidas. El extremo de cada cuerda llevaba una bola de plomo y a cada bola le adosaban trozos de hierro o de hueso, para aumentar el sufrimiento. La víctima era desnudada de la cintura para arriba, y atada a un poste con ambas manos unidas. Los golpes eran tan lacerantes y brutales que las venas, los tendones y los músculos quedaban a la vista; algunas veces hasta los intestinos se salían al exterior. La ley de Moisés permitía un máximo de 40 latigazos; los judíos lo redujeron a 39 para no transgredir la ley si por error contaban mal.
Los ciudadanos romanos estaban exentos de ese castigo, aunque algunos gobernantes no respetaban ese privilegio y hacían azotar a los ciudadanos romanos de pueblos pequeños o provincias. Pablo defendió su derecho, y aclaró que no era de una provincia lejana sino de la gran ciudad de Tarso. Ya estaba atado con correas para ser azotado cuando se declaró ciudadano romano, acusando al tribuno de abuso de poder, lo que podía costarle el puesto y ser encarcelado. El tribuno tuvo miedo.
Conoce tus derechos y hazlos respetar; quienes los violan se llevarán de miedo. Curzio Malaparte dijo: “El miedo hace a los hombres creer lo peor”. Este miedo solo ataca a quien no está haciendo lo correcto.
El gran privilegio como ciudadana del reino eterno es que no necesitas tener miedo.
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Lecturas Devocionales para Damas 2023
“HIJA MÍA, ¡NO TENGAS MIEDO!”
Por: ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE
Colaboradores: Gabriela Torres & Adriana Jiménez