«Las normas de Dios son rectas y alegran el corazón. Sus mandamientos son puros y nos dan sabiduría.
La palabra de Dios es limpia y siempre se mantiene fime. Sus decisiones son al mismo tiempo verdaderas y justas».
Salmo 19:8-9, TLA
QUIENES HABLAN COMO SI ELLOS, bajo ningún concepto, nunca se desviaran de los principios, asegúrense de que comprenden los principios delineados en la Palabra de Dios para nuestra guía. Hay algunos que siguen principios falsos. Su concepto de lo que son los principios es erróneo. Ajustarse a principios correctos significa poner en práctica fielmente los primeros cuatro y los últimos seis mandamientos. Al obedecer los mandamientos comemos la carne y bebemos la sangre de Cristo, apropiándonos de todo lo que incluye la expiación llevada a cabo en el Calvario (ver Juan 6:53-56). Cristo permanecerá al lado de todos los que lo reciban como Salvador. A ellos les dará poder para convertirse en hijos de Dios. «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre» (Juan 1: 14).
El que se menciona aquí como el Verbo es el Hijo de Dios, el Caudillo de las huestes celestiales que vino a este mundo para revelar el Cielo a los seres humanos caídos. Cristo es «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14: 6). Es el Verbo que estuvo con Dios antes que el mundo existiera. Al revestir su divinidad de humanidad, llegó a poseer ambas naturalezas, la divina y la humana. Y gracias a ello «puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios» (Heb. 7: 25, NVI).
Comenzó su existencia terrenal como lo hacen los seres humanos, llegando a este mundo como un indefenso bebé. Y mientras estuvo aquí, vivió la vida que todo ser humano puede vivir si recibe el don excelso que el Señor proveyó para nuestro mundo al enviar a su Hijo a cumplir el plan de salvación.
Cristo soportó la carga del pecado, todo el peso de la justicia divina, para que los seres humanos no nos viéramos irremisiblemente abocados a la perdición. El sufrió en su cuerpo la sentencia pronunciada contra los pecadores. Esta es la ciencia de la salvación, la que con seguridad puede ser escudriñada, y será beneficioso que nos esforcemos por conocerla.
Quienes persistan en la transgresión serán juzgados por su rechazo de la luz. Escogieron estar del lado del príncipe de las tinieblas para convertirse en cómplices suyos en su propósito de «engañar, si fuera posible, aun a los escogidos» (Mar. 13: 22). Rehusaron
la maravillosa dádiva del cielo, y aunque profesen la justicia y hablen de «apego a los principios», están al mismo tiempo siguiendo normas opuestas a las elevadas normas celestiales, y enseñan a otros a poner en práctica los mismos principios corruptores. — Manuscrito 161, 1 0 de julio de 1903, «El peligro de rechazar la luz».
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
