«Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliados con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él». 2 Corintios 5: 19-21

DIOS PERMITIÓ que su Hijo amado, «lleno de gracia y de verdad» (Juan 1: 14), viniera de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y mancillada por el pecado, oscurecida por la sombra de la muerte y la maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir oprobio, insultos, humillación, odio y muerte […]
¡Mirémoslo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y los seres humanos. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mat. 27: 46; Mar. 15:34). Fue la carga del pecado, el reconocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios.
Pero este gran sacrificio no fue hecho para suscitar hacia nosotros amor en el corazón del Padre, ni para moverlo a salvamos. ¡De ningún modo! «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito» (Juan 3: 16).
Si el Padre nos ama no es a causa del gran medio de perdón que él proveyó, sino que él lo proveyó porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído […] Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque únicamente «el Hijo único, que es Dios y vive en íntima unión con el Padre, nos lo ha dado a conocer» (Juan 1: 18, LPH). Solo él, que conocía la amplitud y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada que fuera inferior al infinito sacrificio hecho por Cristo en favor nuestro podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad.— El camino a Cristo, cap. 1 pp. 18-21.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
