«No es porque seas tan bueno o porque tengas tanta integridad que estás a punto de poseer la tierra dc ellas. El Señor tu Dios expulsará a esas naciones de tu paso a causa de la perversidad de ellas y para cumplir el juramento que les hizo a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob». Deuteronomio 9: 5, NTV
LA BIBLIA EXPRESA la indignidad del ser humano para recibir los favores de Dios. Asegura la victoria sobre el enemigo, pero no por méritos propios, sino por la justicia, la misericordia y la fidelidad de Dios a sus promesas. David lo expresó con estas palabras: «Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra! [. . . ] Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?» (Salmo 8: 1, 3, 4).
Cuanto más contemplamos el carácter, la justicia y el poder de Dios, más indignos nos vemos ante él. El Señor espera de nosotros una dependencia total de su grandeza, supremacía y majestad. La mano de Dios y su presencia nos previenen de cualquier pensamiento de justicia propia y autosuficiencia. Nuestra posesión de la Canaán celestial se debe solo al poder de Dios, no a nuestra propia justicia. Gracias a la sangre de Cristo, su justicia eterna, gracia y misericordia habitaremos en la Tierra Nueva.
Sin Cristo, el ser humano es tan frágil que la vida se esfuma en un abrir y cerrar de ojos. Él nos da vida y seguridad, fortaleza, madurez espiritual y fe profunda como el ancla en medio del mar; solo gracias a él tenemos garantizado un futuro.
«Con sus propios méritos, Cristo creó un puente sobre el abismo que el pecado había abierto, de tal manera que los hombres pueden tener ahora comunión con los ángeles ministradores. Cristo une con la Fuente del poder infinito al hombre caído, débil y desamparado» (El camino a Cristo, cap. 2, p. 31).
Hemos sido levantados de lo profundo de la ruina en la cual nos ha sumergido el pecado y Dios nos ha puesto en su sintonía. Este es el día de nuestra salvación; mantengamos nuestro corazón entregado en las manos del Señor.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
