Lee Ezequiel 36: 26 al 28. ¿Cómo se produce la obediencia en nuestra vida?
En vista de ello, ¿Cómo podemos seguir fielmente a Dios?
Nuestra parte es decidir seguir a Dios. Necesitamos tomar cada momento la decisión de rendirnos a él. Y eso es porque no somos siquiera capaces de poner por obra nuestra decisión de servirlo. Pero, cuando entregamos nuestra debilidad a Dios, él nos hace fuertes. Pablo dice: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor. 12: 10).
Observa el uso del pronombre «yo» por parte de Dios en Ezequiel 36: 24 al 30: Dios reúne, limpia, quita, da, pone y moviliza para obedecer cuidadosamente su Ley. Él se identifica contigo, y si te asocias estrechamente con él, harás lo que él hace. La unidad entre tú y Dios será dinámica, poderosa y viva.
El énfasis en este pasaje está nuevamente en la actividad de Dios. La Biblia dice: «Pondré mi Espíritu dentro de ustedes, y haré que anden en mis mandamientos, que guarden mis normas, y las cumplan» (Eze. 36: 27). Dios ordena a las personas que le sean obedientes y les da el poder para hacerlo. Dios siempre ayuda a su pueblo a hacer lo que exige. La obediencia (no solo nuestro desempeño o nuestros logros) es un don de Dios, al igual que la justificación y la salvación (Fil. 2: 13).
Si se nos ha prometido el poder para obedecer, ¿por qué nos resulta tan fácil pecar?
Lección de Escuela Sabática para Adultos 2025
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 10: «EL PACTO Y EL MODELO»
Colaboradores: Esmeralda Bermudes y Karla González
