jueves , 30 abril 2026
Lección E. Sabática 2025

Poder para obedecer

Lee Ezequiel 36: 26 al 28. ¿Cómo se produce la obediencia en nuestra vida?

Los israelitas declararon fervientemente en tres ocasiones que obedecerían a Dios (Éxo. 19: 8; 24: 3, 7). La obediencia es importante, aunque la Biblia enseñe que los seres humanos somos débiles, frágiles y pecadores. Esta triste verdad se hizo manifiesta no solo en la historia del antiguo Israel, sino también a lo largo de la historia del pueblo de Dios.

En vista de ello, ¿Cómo podemos seguir fielmente a Dios?

La buena noticia es que el Señor siempre nos capacita para que podamos hacer lo que nos ordena. La ayuda que no está dentro de nosotros viene de nuestro exterior a fin de capacitarnos para hacer lo que Dios exige. Esto es obra suya. En el núcleo de su resumen teológico en Ezequiel 36: 26 y 27, el profeta Ezequiel deja muy claro este punto. Solo Dios puede realizar un cambio de corazón, sustituyendo el nuestro de piedra por uno que sea sensible. En tal sentido, Josué recordó a su audiencia: «Ustedes son incapaces de servir al Señor» (Jos. 24: 19, NVI).

Nuestra parte es decidir seguir a Dios. Necesitamos tomar cada momento la decisión de rendirnos a él. Y eso es porque no somos siquiera capaces de poner por obra nuestra decisión de servirlo. Pero, cuando entregamos nuestra debilidad a Dios, él nos hace fuertes. Pablo dice: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor. 12: 10).

Observa el uso del pronombre «yo» por parte de Dios en Ezequiel 36: 24 al 30: Dios reúne, limpia, quita, da, pone y moviliza para obedecer cuidadosamente su Ley. Él se identifica contigo, y si te asocias estrechamente con él, harás lo que él hace. La unidad entre tú y Dios será dinámica, poderosa y viva.

El énfasis en este pasaje está nuevamente en la actividad de Dios. La Biblia dice: «Pondré mi Espíritu dentro de ustedes, y haré que anden en mis mandamientos, que guarden mis normas, y las cumplan» (Eze. 36: 27). Dios ordena a las personas que le sean obedientes y les da el poder para hacerlo. Dios siempre ayuda a su pueblo a hacer lo que exige. La obediencia (no solo nuestro desempeño o nuestros logros) es un don de Dios, al igual que la justificación y la salvación (Fil. 2: 13).

Si se nos ha prometido el poder para obedecer, ¿por qué nos resulta tan fácil pecar?

Lección de Escuela Sabática para Adultos 2025
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 10: «EL PACTO Y EL MODELO»
Colaboradores: Esmeralda Bermudes y Karla González

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