«No se vuelvan perezosos, sino sigan el ejemplo de los que por fe y con paciencia heredan las promesas de Dios».
Hebreos 6: 12, NBV
Debemos mantenernos cerca de la Palabra de Dios. Necesitamos sus amonestaciones y estímulos, sus amenazas y promesas.— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 184.
Las Escrituras deben recibirse como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita sino hablada. Cuando los afligidos acudían a Cristo, discernía no solo a los que pedían ayuda, sino a todos aquellos que en el curso de los siglos acudirían a él con las mismas necesidades y la misma fe. Al decirle al paralítico: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados» (Mat. 9: 2). se dirigía también a otros afligidos, a otros cargados de pecado, que acudirían a pedirle ayuda.
Así sucede con todas las promesas de la Palabra de Dios. En ellas nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que es «para la sanidad de las naciones» (Apoc. 22: 2). Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene semejante poder curativo.— El ministerio de curación, cap. 7, pp. 70, 71.
Dios ama a sus criaturas con un amor a la vez tierno y fuerte. Ha establecido las leyes de la naturaleza; pero sus leyes no son exigencias arbitrarias. Cada: «No harás», sea en la ley física o moral, contiene o implica una promesa. Si obedecemos, las bendiciones acompañarán nuestros pasos; si desobedecemos, habrá como resultado peligro y desgracia. Las leyes de Dios están destinadas a acercar más a sus hijos a él. Los salvará del mal y los conducirá al bien, si quieren ser conducidos; pero nunca los obligará.— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 420.
Somos demasiado faltos de fe. ¡Oh, cómo desearía que pudiera inducir a nuestros hermanos a tener fe en Dios! No deben creer que a fin de ejercer fe deben ser acicateados hasta llegar a un alto grado de excitación. Todo lo que tienen que hacer es creer en la Palabra de Dios, así como creen en lo que dicen uno al otro. Él lo ha dicho, y cumplirá su Palabra. Dependamos tranquilamente de las promesas de Dios, porque él quiere decir precisamente lo que dice. Digamos: «Él me ha hablado en su Palabra, y cumplirá cada promesa que ha hecho». No nos volvamos impacientes. Confiemos. La Palabra de Dios es fiel. Procedamos como si pudiéramos confiar en nuestro Padre celestial.— Mensajes selectos, t. 1, p. 96.
EL PODER DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
