«Confío en la protección del Señor» (Salmo 11:1)
Imagina que estás en un lugar, pero no hay nada bajo tus pies. Si miras hacia abajo, tienes la extraordinaria sensación de flotar en el vacío. Allá abajo ves un hilo de agua cristalina que serpentea entre rocas rojizas. El corazón desbocado y el sudor en las manos revelan la adrenalina a flor de piel. ¡Pura emoción! El sol brillante, que se mezcla con el inmenso cielo azul, dibuja formas increíbles en el mayor acantilado del planeta. Y mirar hacia abajo es un desafío inevitable. Parece que vuelas en un avión, pero sin piso, solo tomado de una baranda de acero. ¡Máxima aventura!
Estoy hablando de uno de los destinos más intrigantes del mundo, y con mucha profundidad: el valle del Gran Cañón del Colorado, en el desierto norteamericano. En esta obra de la naturaleza, la profundidad del despeñadero es mayor que cuatro torres Eiffel apiladas (sí, cuatro, es decir, 1.500 metros de caída libre). ¿Lo más terrorífico? Los nativos de la tribu Hualapai probaron la construcción de un pasarela sobre el abismo llamada «Skywalk» (camino en el cielo). Se trata de un puente estrecho de vidrio transparente en forma de U. Solo se puede pisar este puente con medias para que el piso se mantenga cristalino e invisible. ¿Miedo? No es necesario. Este «aventón para pisar» tiene una espesura tan segura que podrías saltar sobre ella todo lo que quieras. El vidrio resiste el peso de más de 800 personas, aunque solo pueden pasar 120 por turno. ¡Es como caminar sobre el aire!
Así es la fe. Sabes que puedes confiar, aunque no veas. Y Dios promete estar a tu lado aunque tus ojos no lo vean. Cuando enfrentas desafíos, el Padre celestial está cerquita: invisible, pero poderoso para brindarte su ayuda. Si el abismo bajo tus pies parece demasiado profundo, salta con seguridad, pues las manos del Creador son el vidrio ultra resistente que protegerá tus sueños. Cuando estés al pie de la cornisa, ten la seguridad de que allí comienza el camino al cielo. Las promesas bíblicas también son un pasarela sobre un acantilado; José en Egipto tuvo fe; Daniel en la cueva de los leones, también; y Moisés, cuando dividió el mar Rojo, pisaba con seguridad sobre lo impensable. ¿Ya pensaste en eso? ¡No lo dudes! Aunque no puedas verlo, Dios está y estará presente siempre. Sigue adelante, sin dudar de lo que Dios te prometió. Si crees, valdrá la pena la vista increíble que tendrás por delante.
Confía y pisa con firmeza.