Por eso te ruego que se quede ahora tu siervo en lugar del joven como siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos, pues ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre
(Génesis 44: 33-34).
Los que tienen hermanos mayores han experimentado sentimientos de gratitud cuando alguno de ellos los ha defendido en alguna situación difícil. Aunque es bien cierto que algunas veces hay rencillas entre hermanos, cuando existe un lazo de amor que los une, buscan la forma de allanar el camino a fin de estar en paz los unos con los otros.
Los hermanos de José habían aprendido la lección. El haber vendido a su hermano José cuando este les rogaba que lo ayudaran había dejado una marca de dolor y remordimiento al ver que su padre lloró por el resto de sus años. Seguramente muchas veces pelearon entre ellos por la decisión equivocada que habían tomado.
Ahora se encontraban frente al señor de Egipto y todavía no sabían que era su hermano. El gobernante les pidió que Benjamín, el hermano menor, se quedara como siervo, ya que habían encontrado la copa del señor de la casa en su costal.
Todos eran libres menos él. Judá, quien había quedado como garante ante su padre para que permitiera que Benjamín fuera con ellos, se postró en tierra y, rogando con lágrimas, pidió clemencia ante José.
El acto de Judá conmovió a José porque ahora podía mirar cómo amaban y cuidaban a Benjamín. Por supuesto, hubiera querido que esos mismos sentimientos hubieran sido para él en el pasado, pero lo importante era el presente. Sin poder contenerse más, se descubrió ante sus hermanos, se echó a sus cuellos y lloró sin parar. Todos los sentimientos reprimidos salieron a flote y las palabras de perdón mezcladas con el llanto inundaron el salón. El perdón y la reconciliación habían llegado a José y sus hermanos, y ya no importaba cuán difícil y dura había sido la jornada porque el arrepentimiento sincero curó las heridas.
Mi querido amigo, quizá estés disgustado con tus hermanos y es posible que lleves años sin hablar con ellos. Tal vez piensas que lo que pasó no tiene perdón o quizá quieres perdonar, pero te cuesta tomar la iniciativa. Solo la presencia de Jesús puede sanar las heridas, así que pídele que te ayude a sanar. El orgullo nubla la vista y te hace prisionero de tu venganza, pero Jesús limpia el camino y hace que la restauración sea total.
No tardes más y ven al Señor, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
