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“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” Gálatas 6:10

Una mañana, después de las reuniones del Congreso, decidimos ir a uno de los centros comerciales de la bella ciudad de Atlanta y, con ese fin, nos dirigimos a la estación de trenes. Al bajar las escaleras, nos desorientamos y nos equivocamos de tren. ¿Equivocación o propósito divino?
Una pareja que nos observaba nos quiso ayudar, y mientras nos explicaba qué hacer, la señora nos preguntó de dónde éramos y qué hacíamos en Atlanta. Le contamos la razón de nuestra visita. Una de mis amigas tenía un CD y un librito del pastor Mark Finley y se lo dimos, explicándoles que pertenecíamos a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y guardábamos el sábado. Cuando llegaron a destino, antes de descender, la señora me dijo: “Mi vida no será la misma desde esta conversación, voy a buscar esa iglesia y la visitaré para aprender más”.
Apenas bajaron, subió un joven que se sentó en el mismo lugar y también despertó nuestro interés por hablarle, así que le ofrecimos el librito y el CD. Nos contó que había estudiado en una de nuestras escuelas, en Texas, y que este encuentro no había sido casual pues él sabía que Dios lo estaba llamando. Prometió buscar una de nuestras iglesias y frecuentarla. Le dije: “Si no vuelvo a verte aquí, deseo con todo mi corazón verte en el cielo. Dios te bendiga”, y se fue.
Finalmente abordamos el tren correcto, pero no sentimos que habíamos perdido la mañana, sino que agradecimos a Dios porque él enderezó el camino equivocado de esas tres personas, y nosotras fuimos el medio.
Querida amiga, busquemos cada día la oportunidad de compartir el mensaje de salvación. No tengamos vergüenza de decir quiénes somos y a qué familia pertenecemos. Predicar el evangelio es el mayor bien que podemos compartir.
María del Pilar Calle de Hengen, Uruguay
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen