Texto Clave: 1 Reyes 17: 1-16; profetas y reyes, caps. 9 y 10, pp 79-87; Creencias fundamentales 18, 11, 3.
VERSICULO PARA MEMORIZAR
«Elías hizo lo que el Señor le ordenó, y fue y se quedó a vivir junto al arroyo Querit, al oriente del río Jordán» (1 Reyes 17: 5).
¿Cual es el periodo más largo que recuerdas en el que no hubo lluvias? ¿Una semana? ¿Dos meses? ¿Un año? Cierra los ojos e imagina cómo se veía todo si no lloviera durante tres años.
Esa fue la situación que el pueblo de Israel tuvo que soportar.
Elías salió de su casa. Estaba profundamente afligido. La hermosura de los bosques, las colinas onduladas de Galaad, no serenaban su espíritu turbado. Elías estaba muy preocupado porque los israelitas habían rechazado a Dios. En los casi cien años transcurridos desde el reinado de David, el pueblo hebreo había sido llevado por sus reyes adorar ídolos y dioses falsos. Habían llegado a creer que los dioses falsos como Baal, eran los que les concedían las bendiciones que ahora disfrutaban.
Una noche, el profeta oyó que Dios lo llamaba:
– ¡Elías!
-Dime, Señor -contestó el profeta.
-Elías, deseo que vayas a ver al rey Acab para darle un mensaje.
-Hará lo que me pidas, Señor.
Elías no vaciló hacer lo que Dios le indicaba. Caminó día y noche desde su hogar, situado al este del río Jordán, hasta Samaria, la capital.
Cuando llegó al palacio de rey Acab, ni siquiera pidió permiso para entrar. Pasó frente a los guardias y continuó hasta que llegó a la sala del trono.
Se detuvo frente al asombrado rey. Levantó el brazo y dijo:
-Vive Jehová, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, si no por mi palabra.
Antes de que el rey Acab pudiera levantarse de su trono y ordenar la detención de Elías, el profeta ya se había marchado.
Dios le indico a Elías que se dirigiera a un lugar situado al este del Jordán y que se escondiera en el arroyo de Querit.
Elías fue inmediatamente al lugar designado.
Los sacerdotes de Baal siguieron ofreciendo sacrificios para pedir a Baal que bendijera al país y mandará lluvias. Transcurrió un año. El pasto se seco. Los árboles dejaron de dar fruto e incluso perdieron las hojas. Los ríos y arroyos se secaron. Los sacerdotes de Baal continuaron realizando sacrificios en los montecillos que ahora estaban llenos de árboles secos,
Pidiendo a su dios que hiciera llover.
El rey Acab hizo buscar al profeta que lo había visitado. Envió mensajes a los dirigentes de las naciones vecinas: ¿Saben donde esta el hombre de Dios? Envió a sus soldados a todos los pueblos y aldeas para que lo buscaran. Pero nadie pudo encontrar a Elías, porque estaba a salvo, escondido en el arroyo de Querit.
Elías contemplaba a diario cómo los árboles se secaban y disminuía el agua del arroyo. Cada dia, en la mañana y al atardecer, recibía la visita de cuervos que le llevaban comida. ¿Te imaginas lo asombrado que debía de estar Elías at comienzo con la llegada de los cuervos? Todos los días alababa a Dios por su protección y cuidado.
Finalmente el arroyo se secó por completo. Entonces Dios le dijo:
—Anda a Sarepta. He ordenado a una viuda de ese lugar que te proporcione alimento.
Elías viajó a Sarepta sin demora. Sarepta era un pueblecito de Fenicia, situado cerca del Mar Mediterráneo. Al aproximarse al pueblo, Elías vio a una mujer que recogía leña para hacer comida. Cuando Elías llegó junto a ella le dijo:
—Te ruego que me des agua para beber, y que también me traigas un pedazo de pan para comer.
La mujer se enderezó y miró al profeta. De alguna manera reconoció que él creía en Dios.
—Vive Jehová tu Dios que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
—No tengas temor —dijo Elías—. Ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero con lo que tienes una pequeña torta y traemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: «La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá», hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
Y así sucedió, según el profeta había predicho. Desde aquel día, hasta el final de la sequía, la viuda usaba la harina de la tinaja y el aceite de la vasija, y al día siguiente encontraba una nueva provisión, por gracia de Dios.
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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
4to Trimestre 2022
Lección 1: « PENSANDO EN TI»
Colaboradores: Karla González & Sandra Mojica
