«PECAMINOSA INCREDULIDAD»

«Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso»

Mateo 11: 29 DHH.

EI pueblo de Israel, siendo conducido por Dios en pleno desierto, había cruzado el mar Rojo en seco, había podido beber agua en Mara gracias a un milagro divino, y habían llegado a Elim, donde acamparon varios días. El lugar estaba rodeado de fuentes de agua palmeras. (ver Éxodo 15: 27).

El éxodo había comenzado hacía un mes y el alimento que habían traído de Egipto comenzaba a escasear. Obviamente, en el desierto no había comida suficiente para miles de personas y tantos rebaños, lo que el incrédulo corazón del pueblo comenzó a llenarse de incertidumbre. Hasta  los príncipes y ancianos se quejaron de los líderes que Dios había escogido para sacarlos de Egipto. Apelaron a la nostalgia y dijeron extrañar las ollas de carne y el pan que solían comer en la tierra de esclavitud. En realidad, no estaban pasando hambre aún; sus reclamos se referían más bien al futuro. En su imaginación seveían pasando hambre y a sus hijos muriendo. No se daban cuenta de que Dios permitía esas pruebas para que aprendieran a volverse a Aquel que podía cuidarlos.

Así pecaron los israelitas contra Dios dando lugar a la incredulidad, considerando anticipadamente que iban a morir a pesar de haber sido testigos de tantos milagros. Insistían una y otra vez en desanimarse ante el primer obstáculo. Estaba dentro del plan divino que tuvieran que enfrentar dificultades y soportar privaciones. Si hubieran confiado, recordando lo que Di0s ya había hecho por ellos; hubieran soportado con buen ánimo las incómodidades, las privaciones y aun el verdadero sufrimiento; pero no estaban dispuestos a confiar en el Señor. Hoy, Dios anhela que recordemos esas pruebas que pasaron los israelitas, para que reflexionemos en nuestra preparación para el cielo.

Resulta fácil pensar que los israelitas reclamaban demasiado, pero ¿cuántas veces, frente a las pequeñas aflicciones del diario vivir, dudamos y nos ponemos irritadas, ansiosas e impacientes? ¿Y qué sucederá cuando surjan preocupaciones mayores? Si no aprendemos a gestionar las pruebas actuales con entereza y confianza en Dios, no estaremos preparadas para soportar las que vendrán. Y, quién sabe, quizá incluso lleguemos a negar la existencia de Dios.

Estamos en un mundo de pecado, pero Cristo nos invita a ir a él y recibir alivio, descanso y paz. Recuerda siempre lo que Dios hizo por su pueblo en el pasado y permite que eso active tu fe. En lugar de reclamar y quejarte, confía en Dios, y encontrarás descanso en el Salvador.

 

 

Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.

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