«Acán respondió: ‘Es cierto que he pecado contra el Señor, Dios de Israel. Esta es mi falta»»
Josué 7:20.
En tiempos del Antiguo Testamento, cuando una nación conquistaba a otra, la nación victoriosa se llevaba consigo ganado, oro, plata, vestidos preciosos, utensilios y otros objetos de valor del enemigo. Sin embargo, en la conquista de Jericó, Dios había ordenado que todo despojo fuera destruido, pues el botín no pertenecía al pueblo, sino a Dios, el artífice de la victoria. Josué y los israelitas mataron a personas y animales, quemaron la ciudad con fuego y entregaron los metales para el Santuario de Dios.
Tras esa victoria en Jericó, los israelitas, de nuevo con Josué como líder, atacaron la pequeña ciudad de Hai. Se dirigieron allí con autoconfianza, sin consultar primero a Dios, y, llenos de pánico frente al enemigo, fueron perseguidos. Murieron treinta y seis de sus hombres. Josué vio en esa vergonzosa derrota el desagrado de Dios. Angustiado, clamó al Señor. Entonces supo que había «un pecado secreto en el campamento y era preciso buscarlo y eliminarlo antes que la presencia y la bendición del Señor pudieran acompañar a su pueblo» Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 45, pág. 509.
Alguien se había llevado objetos de Jericó y había mentido para ocultar su pecado. Una ceremonia solemne de investigación del culpable los llevó hasta Acán. Él había escondido en su tienda un manto babilónico, oro y monedas de plata. Se pronunció sentencia: el pueblo apedreó al culpable. lsrael fue nuevamente a luchar contra Hai y esta vez venció.
Acán había violado abiertamente el décimo mandamiento, que dice: «No codiciarás». Así como ese pecado, cualquier otro puede ser acariciado hasta tornarse en un hábito esclavizador. Como Acán, muchos alimentan hoy pecados secretos y acarrean desgracias sobre su familia, su trabajo, su comunidad y su iglesia. «El pecado de Acán atrajo el desastre sobre toda la nación. Por el pecado de un hombre, el desagrado de Dios descansará sobre toda su iglesia hasta que la transgresión sea buscada, descubierta y eliminada. La influencia que más ha de temer la iglesia no es la de los que se oponen abiertamente, ni la de los incrédulos y blasfemadores, sino la de los cristianos profesos e inconsecuentes. Estos son los que impiden que bajen las bendiciones del Dios de Israel y acarrean debilidad entre su pueblo»(ibid., pág. 511).
¿Hay dificultades y frialdad en tu hogar? ¿En tu iglesia? ¿Cómo está tu vida espiritual? ¿Hay algún pecado secreto envenenando la atmósféra y produciendo decadencia espiritual?
Permite que el Señor limpie tu vida para que seas liberada de toda alianza con Satanás y con las derrotas espirituales en tu medio.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
