«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».
Filipenses 4: 7, NVI
JESÚS VINO A LA TIERRA, no solo para ser el Redentor de la humanidad, sino su ejemplo. La suya fue una vida perfecta, una vida de mansedumbre, de humildad, de pureza y de ilimitada confianza en Dios. […] Él nos enseñó en forma práctica la gran lección de la confianza serena, constante e inconmovible en nuestro Padre celestial. Él permite que sobrevengan tentaciones, pruebas y aflicciones a sus amados. Son sus providencias castigos de misericordia para llevarlos de vuelta cuando se apartan de su lado, y proporcionarles un sentido más profundo de su presencia y cuidado providencial. La paz que sobrepasa el entendimiento no es para aquellos que rehúyen las pruebas, las luchas y la abnegación. […]
Jesús nos contempla a cada instante. Las nubes que se interponen entre nosotros y el Sol de Justicia son permitidas por la providencia de Dios para fortalecer nuestra fe, a fin de que se aferre a las grandes esperanzas, a las seguras promesas que brillan sin empañarse a través de las tinieblas de cada tormenta. La fe debe aumentar a través de los conflictos y el sufrimiento. Debemos aprender individualmente a sufrir, ser fuertes y no abatirnos por la debilidad. […]
Nuestro Padre celestial manifiesta una gran bondad cuando permite que seamos colocados bajo circunstancias que disminuyen las atracciones de la tierra y nos conducen a que coloquemos nuestros afectos en las cosas de arriba. Con frecuencia, la pérdida de las bendiciones terrenas nos enseña más que el poseerlas. Cuando pasamos por pruebas y aflicciones, no significa que tengamos una evidencia de que Jesús no nos ama y bendice. El misericordioso Cordero de Dios identifica sus intereses con los de sus hijos que sufren. Él los guarda en todo momento. Conoce todas sus aflicciones; conoce cada sugestión que hace Satanás, cada duda que tortura el alma. […] Defiende el caso del que es tentado, del que yerra, y del que carece de fe. Se esfuerza por elevarlos a un compañerismo con él. Su obra consiste en santificar a su pueblo, en limpiarlo, ennoblecerlo y purificarlo, y llenar sus corazones de paz. Así los está preparando para la gloria, el honor y la vida eterna; para una herencia más rica y más perdurable que la de cualquier príncipe terrenal.— The Review and Herald, 12 de agosto de 1884.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

