«Tengan cuidado de no menospreciar a uno de estos pequeños, porque yo les digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué les Parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde,¿no deja las otras noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se ha perdido? Si llega a encontrarla, de cierto les digo que se regocijará más por aquella, que por las noventa y nueve que no se Perdieron. Del mismo modo, el Padre de ustedes, que está en los cielos, no quiere que se Pierda ninguno de estos Pequeños».
Mateo 18: 11-14, RVCE
LEÍ EN SU CARTA con mucho interés y trataré de ayudarlo. «El Señor no quiere que nadie muera» (2 Ped. 3: 9, DHH). Sus misericordias son innumerables, y no abandonará su posesión adquirida, por la que dio su propia vida en rescate, para que sea entrampada por Satanás. Todo el cielo ha sido dado a los que creen en Jesucristo como su Salvador personal y nada puede deshonrar más a Dios que la pretensión de creer en la verdad y, con todo, que alguien continúe como de luto sintiéndose huérfano.
El Señor no abandona a sus heridas y magulladas al poder de Satanás para que el enemigo las despedace. Cristo está siempre fortaleciendo a los que son suyos cuando están débiles. Libera a los atribulados y del poder del enemigo. El Señor Jesús nunca olvida a nadie que haya puesto su confianza en él. Y los que pretenden ser hijas e hijas de Dios deben confiar siempre en Jesús. Hacerlo de otra manera es negar que nos ama, y al andar deprimidos, apesadumbrados y lamentándonos, representamos muy mal a Cristo; pues con ello estamos prácticamente diciendo que nuestro Señor es un amo duro y tiránico. Esto equivale a negar a nuestro precioso Salvador que dio su vida a fin de hacer posible que todos crean en él y confíen en su interé y amor por todo pecador.
Usted comete una gran injusticia con nuestro Salvador cuando camina como si anduviera en tinieblas. Nunca ande a la luz de su propia antorcha, sujeta a la variabilidad de los y las emociones.
Jesús dijo: «El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8: 12). Ahora bien, si usted ha estado yendo en pos de otro líder que no sea Cristo, que la luz, la verdad y la vida, déjelo, y siga a Jesús, la luz del mundo. ¿Se siente complacido el Señor de que usted sea sacudido como las inquietas olas del mar? iNo! iNo! Yo le digo que él le ordena fortalecerse, estabilizarse, arraigarse, cimentarse en la santísima fe. Usted no se pertenece, ha sido comprado por un precio que no puede ser valorado. Su dueño Dios, el Todopoderoso, y para saber el precio que se pagó, mire la cruz del Calvario. Fluctuar entre la esperanza y el temor entristece el corazón de Cristo, quien le ha dado evidencias inconfundibles de su amor y de que lo ha escogido precisamente a usted.—Carta 41, 16 de mayo de 1893, dirigida a D. A. Corkham, miembro de la Junta de la Asociación de Nueva Escocia, Unidos
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
