sábado , 27 junio 2026
Devocional Vespertino 2025

«PARA SANTIFICARNOS»

«Ustedes deben ser santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo».

Levítico 19: 2, RVC

La santidad no es arrobamiento: es una entrega completa de la voluntad a Dios; es vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios; es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial; es confiar en Dios en las pruebas y en la oscuridad tanto como en la luz; es caminar por fe y no por vista; confiar en Dios sin vacilación y descansar en su amor.— Los hechos de los apóstoles, cap. 5, p. 40

Nuestro corazón es perverso, y nosotros no lo podemos cambiar.  La educación, la cultura, la fuerza de voluntad, el esfuerzo humano, tienen su lugar; pero carecen de poder para salvarnos. Pueden producir un cambio externo de la conducta, pero no pueden transformar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Es necesario que haya un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que alguien pueda convertirse del pecado a la santidad.— El camino a Cristo, cap. 2, pp. 27, 28.

Nadie recibe la santidad como un derecho al nacer o como obsequio de parte de algún otro ser humano. La santidad es el don de Dios por medio de Cristo. Los que reciben al Salvador llegan a ser hijos de Dios. Son sus hijos espirituales, nacidos de nuevo, renovados en justicia y verdadera santidad. Sus mentes son cambiadas. Con visión más clara contemplan las realidades eternas. Son adoptados en la familia de Dios, y llegan a adquirir su semejanza, transformados por su Espíritu de gloria en gloria. Después de albergar un amor supremo por sí mismos, llegan a albergar un amor supremo por Dios y por Cristo. Aceptar a Cristo como Salvador personal y seguir su ejemplo de abnegación: este es el secreto de la santidad.— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1117.

Olvidando las cosas que están atrás avancemos por el camino que lleva al cielo. No descuidemos ninguna oportunidad que, aprovechada, nos haga más útiles en el servicio de Dios. Entonces correrá por nuestra vida la santidad, como hilos de oro, y los ángeles, al contemplar nuestra consagración, repetirán la promesa: «Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre» (Isa. 13: 12). Todo el cielo se regocija cuando los débiles y defectuosos seres humanos se entregan a Jesús para vivir su vida.— Mensajes para los jóvenes, cap. 28, p. 75.

 

EL PROPOSITO  DE GRACIA 

Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

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