«El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados».
2 Corintios 1: 4
El Señor tiene gracia especial para los que lloran, y hay en ella poder para enternecer los corazones y ganar las almas. Su amor se abre paso en el alma herida y afligida, y se convierte en bálsamo curativo para cuantos lloran.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, p. 30.
Los que han soportado los mayores sufrimientos son frecuentemente quienes proporcionan mayor consuelo a otros. Han sido purificados y dulcificados por sus aflicciones, pues no perdieron su confianza en Dios cuando los asaltó a la prueba, sino que se apoyaron con mayor fuerza a su amor protector. Así ellos se convierten en pruebas vivientes del tierno cuidado de Dios, que hace la oscuridad así como la luz y nos disciplina para nuestro bien. Cristo es la luz del mundo; en él no hay tinieblas. ¡Preciosa luz! ¡Vivamos en esa luz! Digamos adiós a la tristeza y al pesar. Regocijémonos siempre en el Señor.— En los lugares celestiales, 23 de septiembre, p. 274.
Es nuestro privilegio recibir gracia de Cristo, quien desea capacitarnos para fortalecer a otros con el mismo consuelo con que nosotros somos fortalecidos de Dios. Que cada uno trate de cumplir con su parte como desearía haberlo hecho cuando el fin de todas las cosas venga. Que cada uno trate de ayudar al que está a su lado. Así tendremos un pedazo de cielo aquí en la tierra, y los ángeles de Dios obrarán a través de nosotros para causar la debida impresión. Tratemos de ayudar siempre que nos sea posible hacerlo. Cultivemos la mejor disposición, de modo que la gracia de Dios pueda derramarse abundantemente sobre nosotros. Jóvenes y mayores pueden aprender a acudir a Dios como a Aquel que sanará, como a Aquel que se solidariza, que comprende sus necesidades y que jamás cometerá un error.-— Hijos e hijas de Dios, 18 de septiembre, p. 270.
Encontremos tiempo para consolar a algún otro corazón, para alegrar con una palabra bondadosa y de alegría a alguien que esté batallando con la tentación y posiblemente en aflicción.— Nuestra elevada vocación, 27 de febrero, p. 66.
Una vida cristiana consagrada derrama siempre luz, consuelo y paz. Se caracteriza por la pureza, el tino, la sencillez y el deseo de servir a los semejantes. Está dominada por ese amor desinteresado que santifica la influencia. Está llena del Espíritu de Cristo, y doquiera vaya quien la posee deja una huella de luz.— Patriarcas y profetas, cap. 65, p. 656.
EL PROPOSITO DE GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
