Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que naciera; ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones. Jeremías 1:5, NVI.
Bertha Lubis y su hijo Johnny habían viajado en colectivo hasta el puerto de Belawan, en el norte de Sumatra, y luego en barco a la isla de Java, camino a Bandung, Indonesia. Ella estaba siguiendo su sueño: criar y educar a su hijo para que un día él llegara a ser un obrero para el Señor.
El clima en Bandung era cálido, propicio para que los niños crecieran sanos. Johnny era feliz y disfrutaba jugando en el parque que rodeaba la Casa Editora Adventista, donde trabajaba su madre, después de enviudar. De hecho, a menudo interrumpía sus juegos y entraba a visitar a su madre. Nunca soñó que podría trabajar allí algún día.
A menudo, los supervisores lo mandaban a jugar afuera, ya que les preocupaba que un niño jugara cerca de las máquinas. No sabían que ese pequeño que siempre daba vueltas por allí, un día seria el administrador de esa casa publicadora.
El mayor objetivo en la vida de Bertha era orar por su amado hijo y su futuro cada mañana, medio día y noche. La devota persistencia caracterizaba su vida. Ahorraba todo lo que podía para los gastos de educación de Johnny. Estaba decidida a enviarlo a la universidad.
Nadie puede prever el viaje de su vida, pero mediante el Espíritu Santo, Dios guio a Bertha a elegir una nueva profesión. Sintió el llamado divino a dedicarse al colportaje. Pasó de hacer libros a distribuirlos. Eligió la ciudad de Bandung como el centro de su ministerio, y luego de un corto periodo de entrenamiento, Bertha comenzó a visitar oficinas, comercios, negocios y hogares en Bandung, vendiendo materiales de lectura que ayudaban a las personas a ser sanas, felices, y completas espiritualmente.
Cada vez que encontraba a alguien con una necesidad, oraba. Bertha oraba mucho invocando el poder de Dios para conducirla. Creció en confianza, vendió muchos libros, y elevó muchas oraciones. Trabajó fielmente y fortaleció el espíritu de otros, financiando al mismo tiempo todos los gastos de ella y de Johnny. Su perseverancia y su espíritu de servicio la llevaron a recibir sus credenciales de colportora, logro que mantuvo por muchos años.
E. H. Tambunan, Indonesia
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
