Lee Efesios 3:16 y Hechos 2:38. ¿Qué nos enseñan estos textos acerca de recibir al Espíritu Santo en nuestra vida?
Hay muchas cosas por las cuales podemos orar, pero hay una gran necesidad en estos tiempos peligrosos en los que vivimos: es el don del Espíritu Santo. Este es el mayor don que Jesús podría dar. Al otorgar al Espíritu Santo, Dios no podría haber dado más a su pueblo. No hay nada que pueda añadirse a este don. (Después de todo, ¿qué se puede añadir a la Deidad misma?) Por medio del Espíritu Santo y de su obra en nuestra vida, todas nuestras necesidades son suplidas. La bendición del Espíritu Santo traerá consigo todas las otras bendiciones.
Hay, sin embargo, un obstáculo importante: nosotros mismos. A menudo, no estamos preparados para recibir al Espíritu Santo.
Como en los días de la iglesia del Nuevo Testamento, debemos percatarnos de que, primero, necesitamos arrepentirnos y entregar nuestra vida por completo a Jesús. Y sí, es solamente la influencia del Espíritu Santo lo que siquiera nos permite hacerlo.
Sin embargo, cuando respondemos a sus impresiones, arrepentirnos de nuestro pecado es la primicia de la obra del Espíritu en nuestra vida. En humildad y fe, tenemos que confesar nuestros pecados para que él pueda limpiarnos de toda injusticia. Debemos entender cuán caídos estamos, y cuánto necesitamos a Dios y su gracia en nuestra vida. Sin él, estamos perdidos, muertos en nuestros pecados y condenados a la perdición eterna.
Por ello, en oración ferviente, cumpliremos las condiciones sobre las cuales Dios ha prometido darnos su Espíritu Santo. Entonces, todo lo que tenemos que hacer es pedir a Dios, y él gustosamente nos dará su Espíritu. “El Padre celestial está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos” (RP 286).
Al igual que otras cosas espirituales, el don del Espíritu Santo nunca es un fin en sí mismo. El Espíritu es otorgado para elevar a Jesús, reproducir el carácter de Cristo en nuestra vida y habilitarnos para servir a otros en la edificación del cuerpo de Cristo, la iglesia. Por ello, cualquier práctica de adoración, pública o privada, que eleve al Espíritu por sobre Jesucristo está errada. Pues es por medio de Jesús que “tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efe. 2:18).
#LecciónAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Lección de Escuela Sabática Adventista para Adultos
1er trimestre 2017. EL ESPÍRITU SANTO Y LOS DONES DEL ESPÍRITU
Lecc. 10 “EL ESPÍRITU SANTO. LA PALABRA Y LA ORACIÓN”
