Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. Lamentaciones 3:55, 56.
Te confieso que iba a omitir las oraciones de Lamentaciones, como si este libro fuera un libro ruin. Por naturaleza, no me gusta el dolor, la tristeza ni el lamento. Pero hagamos un esfuerzo y entremos en la historia de Jeremías. Sigámoslo por los polvorientos caminos de Palestina, escuchemos sus advertencias contra los reyes, las amonestaciones contra los falsos profetas; veamos las confabulaciones de sus propios conciudadanos contra él, como en Anatot (Jer. 11:18-23), y sigámoslo hasta la misma cárcel. Jeremías nos enseña lo que Salomón ya había escrito: «Vale más llorar que reír, pues podrá hacerle mal al semblante pero le hace bien al corazón» (Ecl. 7:3, DHH). Hay algo paradójico en la vida: huimos de lo que más nos enseña. No nos gusta el dolor, pero solo de él aprendemos. Nadie aprende del placer y la bonanza, sino del dolor y de la crisis.
Ahora vemos al profeta en la cárcel, en la cisterna de Malaquías (Jer. 38:113). Y allí ora. Para quienes están en la cárcel, la oración es la única ventana a la eternidad. Entre rejas, el alma se libera mediante la oración.
El profeta le dice a Dios: «No escondas tu oído al clamor de mis suspiros» (Lam. 3:56). El término suspiro, en hebreo lesawati, se deriva del verbo sawat, que encierra la idea de clamar por ayuda, pedir socorro en una situación desesperada. En 1 Samuel 5: 12 se usa para decirnos que «el clamor de la ciudad subía al cielo». «Cuando fue llamado a beber la copa de la tribulación y la tristeza [Jeremías], y cuando en sus sufrimientos se sentía tentado a decir: ‘Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza de Jehová’, recordaba las providencias de Dios en su favor, y exclamaba triunfantemente: ‘ […] Nunca decayeron sus misericordias; nuevas son cada mañana. ¡Grande es tu fidelidad!’ (PR 282).
Dios es el único alivio de tu alma. Él inspira esta oración en lo más profundo del corazón. Si oras «no escondas tu oído», porque Dios ya te ha escuchado.
¿Te levantaste triste hoy de mañana? Di con Jeremías: «Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca» (vers. 25).
Oración: Tu gracia me renueva cada amanecer.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2019
«Las Oraciones más Poderosas de la Biblia»
Por: Ricardo Bentacur
Colaboradores: Rosalba Barbosa & Gladys Cedano
