«Y Cristo, en los días de su vida terrena, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, y fue oído».
Hebreos 5: 7
Mientras oran, amados jóvenes, para no ser inducidos en tentación, recuerden que su trabajo no termina con la oración; deben luego contestar hasta donde puedan su propia plegaria, resistiendo a la tentación y dejando a Jesús que haga por ustedes lo que no pueden hacer.
Quisiera recordarles a los jóvenes que adornan sus personas que, a causa de sus pecados, la cabeza de nuestro Salvador usó la vergonzosa corona de espinas. Cuando dediquen tiempo precioso para ataviar su apariencia, recuerden que el Rey de gloria usó un manto sencillo, sin costuras. Ustedes que se afanan en arreglar su persona, por favor tengan en mente que Jesús a menudo se cansaba a causa del incesante trabajos, y de la abnegación y el sacrificio personal a fin de bendecir a los sufrientes y necesitados. Pasó noches enteras en oración en las montañas solitarias; no debido a sus debilidades y necesidades, sino porque vio y sintió la debilidad de la naturaleza humana para resistir las tentaciones del enemigo en los mismos puntos donde ahora ustedes son vencidos. Sabía que serían indiferentes hacia sus peligros y que no sentirían su necesidad de orar. Fue en nuestro favor que él derramó sus oraciones a su Padre con fuertes clamores y lágrimas. Fue para salvarnos del mismo orgullo y amor a la vanidad y el placer en el que ahora nos complacemos, y que destierra el amor de Jesús.
¿Reaccionarán, jóvenes amigos, y sacudirán esta terrible indiferencia y estupor que los ha amoldado al mundo? ¿Oirán la voz de advertencia que les dice que la destrucción yace en la senda de aquellos que se sienten cómodos en esta hora de peligro?— Testimonios para la iglesia, t, 3, pp. 417, 418.
Muchos de nuestros jóvenes, por su descuido negligente de las amonestaciones y reprensiones que se les dirigen, abren la puerta de par en par para que entre Satanás. Teniendo la Palabra de Dios como nuestra guía y a Jesús como nuestro Maestro celestial, no necesitamos ignorar sus requerimientos ni los designios de Satanás. No será tarea desagradable obedecer a la voluntad de Dios, cuando nos entreguemos completamente a la dirección de su Espíritu.— Ibid., p. 417.
EL PRECIO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
