Como seres humanos necesitamos crear vínculos con los demás y con el Creador. La familia es un símbolo del amor de Dios y por ese motivo podemos reconocer el carácter de Dios en cada unidad familiar. El sacrificio, el amor, el perdón y la tenacidad que se necesitan para mantener unas relaciones familiares sanas es un reflejo directo de la relación entre nuestro Padre celestial y nuestro Salvador Jesucristo. La urdimbre de la familia de Dios está formada por innumerables hilos de diversas familias que creen y han tomado la decisión de perseverar en el amor. Dios se complace con las familias que son generosas, amables y respetuosas de la ley del amor (Hech. 10: 1-28). Al leer las Escrituras para· descubrir qué es ser una familia de fe, vemos ejemplos de familias fieles; asimismo, conocemos el sacrificio ele Cristo, que nos adopta en la familia de Dios, y entendemos la responsabilidad de sostener a la familia mediante la perseverancia y el amor.
COMO NUESTRO MEDIADOR, JESÚS SE ENTREGÓ A SÍ MISMO: EL MEJOR DON QUE NUESTRA RAZA JAMÁS HA RECIBIDO.
La Biblia dice de Cornelio y de su familia: «Era un hombre piadoso que, junto con toda su familia, adoraba a Dios. También daba mucho dinero para ayudar a los judíos, Y oraba siempre a Dios» (Hech. 10: 2). Cornelio y su familia son un ejemplo de lo que nosotros como creyentes debemos emular. Su vida de oración y su naturaleza sencilla nos enseñan que Dios se complace con las familias que oran a diario, cuidan de los necesitados y atienden sus dolencias físicas; cuidan de las personas sin hogar, de los huérfanos y de aquellos con deficiencias en su desarrollo y de los que tienen problemas de salud mental. Ser parte de la familia de Dios se reduce a nuestra capacidad de sostener una relación íntima con Dios a través de la oración y dé ser bondadosos con los demás.
Jesús pagó el máximo precio por nuestros pecados, lo cual permite que Dios nos perdone y nos reconcilie consigo mismo. Como nuestro mediador, Jesús se entregó a sí mismo: el mejor don que nuestra raza jamás ha recibido. Como Hijo de Dios, Jesús nos ha dado la oportunidad de ser parte de la familia de Dios, sea cual sea nuestra etnia, nuestro origen o nuestra formación. Jesús dijo en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Luc. 23: 34). No tenemos ni idea de lo que le costó a Dios perdonarnos y entregar a Jesús para que llevara los pecados del mundo. En Juan 3 somos invitados a creer y a recibir vida eterna. La invitación a ser parte de la familia de Dios está abierta a todos los que creen. Hay una responsabilidad que acompaña a ser parte de una familia, y es que todos tenemos un papel que desempeñar.
PARA COMENTAR
- ¿De qué características de tu familia disfrutas más? ¿Qué características te gustaría cambiar?
- ¿Qué dificultades nuevas has tenido tras haber decidido formar parte de la familia de Dios?
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 11: «Familias de fe»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
