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“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.“ Santiago 1:19

El texto de hoy va mucho más allá en profundidad espiritual. Sugiere que quienes hacen la voluntad de Dios y cumplen su palabra deberían ser “prontos para oír, tardos para hablar y tardos para airarse”. Si bien el orden de estas tres virtudes no encierra un significado especial, te propongo analizarlas en otra secuencia, aplicarlas a nuestra experiencia y obtener el secreto de la dicha conyugal y familiar.
- “Tardo para hablar”. Uno de los errores de la pareja es que piensan que siempre hay algo que decir, para cada ocasión y en todo momento. John Gray afirma que los hombres, equivocadamente, ofrecen soluciones y descalifican sentimientos, mientras que las mujeres ofrecen consejos e instrucciones no solicitados. Parece fácil para el ser humano hablar, sugerir, recomendar. No descalifico estos valores en el arte del relaciona miento, pero reconozco que no siempre son necesarios, y el excesivo uso de ellos puede desestabilizar las arterias relaciónales de una familia.
- “Tardo para airarse”. A veces oigo a amigas decir: “Mi esposo es un caballero, ¡pero su carácter…!”. El mismo hecho de hablar sin parar, psicológicamente provoca una reacción de ira o fastidio en el receptor, respuesta que consume el eje de la relación, el diálogo y, a la larga, el vínculo.
- “Pronto para oír”. Alguna vez escuché a un predicador decir: “Dios nos creó con dos oídos y una boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos”. ¡Aquí está el secreto del dinámico camino del relacionamiento humano! Debemos aprender a escuchar; así construiremos familias equilibradas y relaciones duraderas. Que Dios nos ayude a ser, por su gracia, mesuradas para hablar, lentas para airarnos y dispuestas para oír.
Laura I. Jara Mayorga de Alava, Ecuador
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen