«El buen árbol no puede dar frutos malos, ni el árbol malo darfrutos buenos.Todo árbol que no da buen fruto, es cortadoy echado en el fuego. Así que ustedes los conocerán por sus frutos. No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en elreino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos». Mateo 7: 18-21, RVCA
LA LEY DE DIOS ES TRASUNTO de su carácter. Si tú dices que la obedeces, pero fracasas en demostrar que te has consagrado al servicio del «Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Mar. 12: 30), es decir, sin reservas, no estás guardando los primeros cuatro mandamientos que requieren amor supremo a Dios, ni los otros seis que exigen amor desinteresado de los unos a los otros. No eres pues un hijo obediente. «Por sus frutos los conoceréis» (Mat. 7: 20).
El verdadero amor a Dios siempre se pone de manifiesto. No se puede ocultar. Los que guardan los mandamientos de Dios en verdad revelarán el mismo amor que Cristo reveló hacia su Padre y hacia todo el mundo. Aquel en cuyo corazón mora Cristo lo revelará en el carácter, en su obra en favor de los que constituyen la familia de la fe y en beneficio de aquellos que necesitan ser atraídos al conocimiento de la verdad. Mostrará siempre por medio de sus buenas obras el fruto de su fe, revelando a Cristo mediante obras de amor y actos de misericordia. Debe mostrar que él cree que la ley de Dios no es solamente para ser aceptada en teoría, sino para ser llevada a la práctica como un principio vital.
El cumplimiento de la ley de Dios es el fruto de su gracia en nosotros. Obedeciéndola diariamente recordamos que Dios es el dador de todo lo que tenemos en custodia. Él nos proporciona todo lo necesario. Es por su misericordia y amor que tenemos fuerzas para trabajar. Él abre caminos para que podamos obtener bienes terrenales, no para que nuestro ego se enaltezca, ni para que acumulemos riquezas; sino para que el nombre de Dios pueda ser glorificado, a fin de que los necesitados puedan ser apoyados, para que la tesorería de Dios pueda ser provista con lo que él requiere en dones y ofrendas. Así se podrá cumplir la misión de dar a conocer la verdad hasta en los lugares más remotos, sin que languidezca, y sin que cese en su constante progreso.
Sobre todos los que se han consagrado a Dios como colaboradores suyos, descansa la responsabilidad de defender los intereses de su causa. Deben vivir la verdad que pretenden creer. Deben fijarse constantemente a Cristo como su modelo, y mediante sus buenas obras deben hacer que fluya la alabanza de los corazones sedientos del agua de vida. No solamente deben ministrar la necesidad espiritual de aquellos a quienes están tratando de ganar para Cristo, sino que deben suplir también sus necesidades temporales. Esta obra de misericordia y amor ha de ser constante, pues cumpliéndola fielmente los siervos de Dios han de mostrar lo que la verdad ha hecho por ellos.
Seamos pues fieles mayordomos, no solamente de la verdad del evangeliosino de todas las bendiciones que Dios nos ha concedido. No solamente hemos de hablar palabras de compasión, sino que con nuestros hechos tenemos que mostrar la realidad de la bondad y el amor divinos.—Manuscrito 20, 22 de abril de 1894, sin título, adaptado.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
