domingo , 14 junio 2026
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Matinal Para Damas 2015

Nunca Olvidaremos a Trey

¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? Jonás 4:11

Trey era un hermoso bóxer. Fue una parte muy especial de nuestra vida en momentos difíciles, especialmente cuando mi esposo se fue de casa. Nos sentíamos muy solos, mi hijo y yo. Durante esa etapa de mi vida, muchas veces esperé a que mi hijo se durmiera para sentarme en el garaje de mi casa, a oscuras, a llorar la pérdida de mi hogar. ¿Y sabes quién llegaba para acompañarme? Trey. Colocaba su cabeza en mis rodillas y me miraba fijamente con sus ojos enormes, brillantes. Me ofrecía su consuelo silencioso…

Los ratones siempre me han asustado, pero Trey estaba allí para alejar a esos pequeños monstruos. Trey era un amigo para mi hijo. Jugaban fútbol juntos. Mi hijo pateaba la pelota y Trey corría tras ella, y la agarraba con sus patitas delanteras como perfecto portero. Pero un día Trey enfermó. Un cáncer, lenta y secretamente, lo iba consumiendo. El veterinario prescribió algunas medicinas, y las compramos. Pero la enfermedad avanzaba sin piedad. Las noches eran frías, así que cubrí a Trey con una frazada. Ahora era mi turno para sentarme a su lado y acompañarlo en sus momentos de dolor. Sus ojos tristes y sus lamentos me decían cuánto sufría. Una noche elevé una petición al cielo: “Oh, Señor Jesús, ayúdame a ponerle fin al sufrimiento de mi perrito”.

–Lo siento –dijo el veterinario–. No hay nada que hacer.

–¿Está seguro?–le pregunté, pero él fue enfático. O esperábamos verlo morir lentamente, con terrible sufrimiento, o lo ayudábamos a descansar. Fue muy difícil. Lloramos mucho, pero teníamos un gran consuelo: siempre lo habíamos tratado bien.

Si tienes mascotas, recuerda que ellos también fueron creados por Dios, y que son dignos de ser alimentados, protegidos y tratados bien.

Dios siempre está presente en medio de nuestros sufrimientos, por insignificantes que parezcan. Ahora mi hijo y yo disfrutamos de la compañía de Joy, el hijito de Trey. Sus ojitos brillantes nos recuerdan a su fiel padre. Alabamos a Dios por este regalo de amor y consuelo.

Evidelia Gómez.

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del Alma”
Por: Diane de Aguirre

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