NUNCA NOS DEJA SIN RESPUESTA

LO QUE DIOS PIDE

«Cuando tú ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo; hazlo en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio». Mateo 6: 3-6, DHH

LA ORACIÓN EN FAMILIA y la que se hace en público tienen su lugar; pero es la comunión personal y privada con Dios la que sostiene la vida del alma. Fue en el monte con Dios donde Moisés contempló el modelo de aquel edificio maravilloso que había de ser morada de la gloria divina. Es en el monte con Dios —el lugar totalmente privado de comunión— donde hemos de contemplar su glorioso ideal para la humanidad. Así seremos habilitados para dirigir de tal manera la edificación de nuestro carácter que se realice para nosotros la promesa: «Caminaré entre ustedes. Yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo» (Lev. 26: 12, NVI).

Mientras atendemos a nuestros quehaceres diarios, es preciso elevamos al cielo en oración. Esas peticiones silenciosas suben como incienso ante el trono de gracia; y los esfuerzos del enemigo quedan frustrados. El cristiano cuyo corazón se apoya así en Dios no puede ser vencido. No hay malas artes que puedan destruir su paz. Todas las promesas de la Palabra de Dios, todo el poder de la gracia divina, todos los recursos de Jehová, están puestos a contribución para asegurarnos su entrega.— Obreros evangélicos, cap. 55, p. 267.

Dios lee los pensamientos ocultos. «Ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público» (Mat. 6: 4, RVA).— Mensajes para los jóvenes, secc. 8, p. 174.

Debemos orar mucho en privado. Cristo es la vid, y nosotros los pámpanos (Juan 15: 5). Y si queremos crecer y fructificar, tenemos que absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella carecemos de fortaleza. […] Asediemos el trono con peticiones, y persistamos en ello con firme fe. Las divinas promesas son completamente seguras.— Primeros escritos, cap. 17, p. 104.

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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«Para FAMILIARIZÁNDONOS CON LO ORDENADO POR DIOS»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez

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