lunes , 7 septiembre 2026
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Matinal Para Damas 2016

NUNCA ES DEMASIADO TARDE

«Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados» (Isa. 43:25, RV60).

Cuenta Harold Kushner* que en una ocasión lo invitaron a dar una conferencia a médicos, enfermeros, capellanes y trabajadores sociales del hospital Johns Hopkins de Baltimore, Estados Unidos. Tras la charla, el jefe de los capellanes le dijo: “Tenemos un paciente que desea hablar con usted. Ha leído todos sus libros y han impactado su vida. Es un pastor protestante de treinta y dos años que está muriendo de sida. No tiene usted obligación de visitarlo, puedo decirle que su agenda es demasiado apretada, no se preocupe”. Pero a pesar de las dudas expresadas por su interlocutor, Kushner aceptó la visita y pronto estaba en el cuarto del paciente, que tenía aspecto demacrado. “¿Cómo se encuentra?”, le preguntó. “No muy bien, pero ya me he hecho a la idea”, dijo el enfermo. “¿Le preocupa la posibilidad de morirse sin Dios; de que

su enfermedad sea un castigo divino por algo que ha hecho en el pasador, quiso saber Kushner. “Al contrario -respondió el hombre-. De hecho, si algo bueno me ha enseñado esta situación es que es cierto que Dios me ama a pesar de todo, cosa que antes me costaba creer. Aunque he hecho muchas cosas malas en mi vida, Dios no se ha rendido conmigo. Siento su presencia en esta habitación de hospital. Me he dado cuenta de que me ama incluso cuando a mí me cuesta amarme a mí mismo”. Hay veces en la vida en que nos cuesta amarnos a nosotras mismas. Son multitud las situaciones que nos pueden hacer sentir una culpa tan enorme que creemos no merecer amor, ni tan siquiera el de Dios. Pero, como sucedió con el ladrón en la cruz, nunca es demasiado tarde para paramos a reconsiderar, buscar a Dios y sentir su presencia. Nos ama tanto, que nos perdona siempre.

Sea que la vida nos conceda o no una oportunidad de impactar al mundo con nuestra conversión, nunca es demasiado tarde para volver a Dios y tomar la decisión de desandar nuestros pasos. Todas, absolutamente todas, nos equivocamos, fallamos, pecamos… Todas, absolutamente todas, tenemos la posibilidad de recibir perdón. Dios distingue entre nuestros actos y nuestra persona, y nos ama demasiado como para dejar de intentar salvamos.

Se perdona en la medida en que se ama. Franrpois de La Rochefoucauld

*Houi Good Do We liave To Be (Nueva York: Little, Brown and Company, 1997), pp. 44, 45.

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Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2016
“Ante Todo, Ser Cristiana”
Por: Mónica Díaz.

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