Ryan tenía seis años cuando se enteró de que había gente en África que tenía que caminar kilómetros todos los días para buscar agua potable. Literalmente, kilómetros. En seguida se puso a comparar: contó los pocos pasos que le llevaba a él ir desde su aula hasta el bebedero en la escuela, y desde la sala hasta la cocina en su casa. Le dieron ganas de hacer algo para llevarles agua a los niños de África. Así que comenzó a hacer tareas domésticas para juntar dinero. Recogía ramas caídas luego de una tormenta, y ayudaba a sus vecinos en lo que hiciera falta.
Cuando había juntado setenta dólares fue a una organización benéfica que construiría pozos en África. Y ahí descubrió que setenta dólares no alcanzaban mucho. Necesitaba doscientos dólares solo para una bomba manual. Así que continuó recaudando dinero. Un artículo de un periódico sobre su proyecto lo ayudó a alcanzar el objetivo. Entonces, su historia comenzó a difundirse y consiguió aún más dinero.
Fue hablar al Rotary Club de su ciudad, en Canadá. «Fue difícil», recuerda él. “De niño tuve que hacer terapia del lenguaje porque no podía pronunciar bien todas las palabras. Probablemente, fue el peor discurso de la historia». Pero la gente comenzó a compartir su pasión. Pronto había recaudado 15 mil dólares. Luego, 45 mil.
Su primer pozo se cavó en la escuela primaria de Ángulo, al norte de Uganda. Un vecino donó millas de viajero frecuente para que Ryan pudiera ir a ver el proyecto. Al llegar, cinco mil ugandeses salieron a recibirlo para celebrar su nuevo pozo. Pudo bombear el agua clara y fresca, y tomar un sorbo. Y aunque solo era un niño, la escuela decidió que cada 27 de julio sería el Día de Ryan.
A Ryan no le bastó con un pozo. En el último recuento, había ayudado a proveer más de ochocientos pozos para gente que, de otra forma. no tendría un acceso cercano al agua.
Ryan es hoy adulto, y puedes creerle cuando dice: «Nunca eres ni demasiado ni demasiado viejo para marcar la diferencia». Kim.
«Y quien dé siquiera un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por tratarse de uno de mis discípulos, les aseguro que no perderá su recompensa» (Mat. 10:42).
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
