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«No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1: 7).
¿Alguna vez alguien ha entrado a tu casa a la fuerza, con malas intenciones? Hace tres semanas, un ladrón entró a robar a mi casa violentando la ventana de la cocina. Cuando entré por la puerta principal, ya noté algo extraño. Luego pude comprobar lo que había sucedido: un intruso había invadido nuestro espacio y había saqueado nuestras pertenencias. En cuanto comprendí lo sucedido, un exceso de emociones me invadieron.
Llamé a la policía y a la compañía de seguros. Durante los días siguientes, tomé todas las medidas necesarias para hacer mi casa más segura. Mantenía la cerradura de la puerta principal trancada. Sustituí la puerta de atrás por otra metálica de dos cerraduras. Reemplacé la ventana de la cocina y puse un cerrojo adicional en la puerta del patio. Instalé alarmas en los puntos de salida y entrada de la casa. Tenía la misión de impedir cualquier futura invasión. Pero, a pesar de todo lo que he hecho para mejorar la protección de mi casa, todavía me siento nerviosa; este va a ser el primer fin de semana en casa después del asalto.
Esta mañana, mientras hacía mi devoción personal, escuché algunos ruidos abajo y me apresuré a investigar qué pasaba. Descubrí que era la emisora de radio que yo había conectado la noche anterior antes de ir a la cama. Evidentemente, la computadora se había reiniciado en algún momento durante la noche y había comenzado de nuevo la música. Me acerqué a la computadora, busqué la página web de una emisora adventista y me puse a escuchar música. El himno que estaba sonando era una oración a Dios por la protección que solo se puede encontrar en sus amorosos brazos, donde no hay ninguna razón para temer.
¡Qué tranquilidad sentí! Me emocioné muchísimo. Grité: «¡Te oigo, Padre! ¡Gracias, Jesús!». ¿No es asombroso sentir que cuando oramos y alabamos a Dios, él se lleva nuestros miedos? Satanás procura mantener a los hijos de Dios en un estado de miedo, pero no tenemos que temer porque estamos protegidos por nuestro Señor. Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.
Dios tiene un plan para cada una de nosotras, y permite en nuestras vidas solo aquellas cosas que nos ayudarán a transformarnos en las personas que él quiere que seamos para cumplir su propósito.
Florence E. Callender
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2017
“Vivir Su Amor”
Por: Ardis Stenbakken
