«Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto. Cuando llegue lo que es perfecto, todo lo demás se acabará».
1 Corintios 13: 9, 10, TLA
Por la fe debemos mirar al más allá, y aceptar la promesa de Dios, de que el intelecto crecerá y las facultades humanas se unirán con las divinas, de modo que toda potencia del alma será puesta en contacto directo con la Fuente de la luz. Podemos regocijarnos de que todo lo que nos dejó perplejos en la providencia de Dios será entonces aclarado; las cosas difíciles de comprender se explicarán.— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 661.
Entonces, todos los que trabajaron con espíritu abnegado verán el fruto de sus labores. Se verá el resultado de la aplicación de todo principio recto y la realización de toda acción noble. Algo de ello vemos ahora; sin embargo, ¡muchos de los resultados de nuestros actos de nobleza no los podemos percibir en este mundo! ¡Cuántos trabajan abnegada e incansablemente por los que pasan más allá de su alcance y conocimiento! Los padres y maestros pasan a dormir al sepulcro con la sensación de que ha sido fútil el trabajo de su vida; no saben que su fidelidad ha abierto manantiales de bendición que nunca dejarán de fluir. Solamente por la fe ven a los hijos que han criado transformarse en una bendición e inspiración para sus semejantes, y ven multiplicarse mil veces su influencia. Más de un obrero envía al mundo mensajes de fortaleza, esperanza y valor, palabras llenas de bendición para los habitantes de todas las naciones. Pero no llega a saber casi nada de los resultados que produce su labor mientras trabaja en el anonimato y la soledad. Así se hacen dádivas, se llevan responsabilidades y se lleva a cabo la obra. Los seres humanos siembran la semilla de la cual, sobre sus sepulcros, otros cosechan en abundancia. Plantan árboles para que otros coman sus frutos. Se contentan aquí con saber que han tomado parte activa en una obra que ha beneficiado a sus semejantes. En el más allá podremos ver los resultados.
En el cielo se guarda un registro de todo don otorgado por Dios, que ha guiado a los seres humanos a realizar esfuerzos abnegados. Uno de los estudios, y las recompensas de la escuela celestial, consistirá en descubrir esto en toda su amplitud; contemplar a los que por nuestros esfuerzos han sido elevados y ennoblecidos; y ver en sus vidas los frutos de haber puesto en práctica los principios verdaderos— La educación, cap. 35, pp. 274, 275.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
