miércoles , 23 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

NUESTRO DIOS TRINO

 

 

 

El Padre no puede describirse mediante las cosas de la tierra. El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.

El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es “la imagen misma de su sustancia”. Hebreos 1:3. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Aquí se muestra la personalidad del Padre.

El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo.

Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo… Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. Aquel cuya voz los judíos escuchaban en ese momento había estado junto a Dios…

Jesús declaró: “Yo soy la resurrección y la vida”. En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra. “El que tiene al Hijo, tiene la vida”. 1 Juan 5:12. La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna…

El Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus que somos hijos de Dios. Cuando se da este testimonio lleva consigo su propia evidencia. En esas ocasiones creemos y estamos seguros de que somos los hijos de Dios…

El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios. Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios. “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. 1 Corintios 2:11

Debemos cooperar con los tres poderes más elevados del cielo: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estos poderes trabajarán mediante nosotros convirtiéndonos en obreros juntamente con Dios (El evangelismo, pp. 446-448).

 

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
3er. Trimestre 2026 «PRIMERA Y SEGUNDA A LOS CORINTIOS»
Lección 13 «GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Esther Jiménez

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