El anciano profesor japonés llamó a su jardinero.
—Mira lo que tengo.
Era un perrito de raza akita y color dorado.
El jardinero acarició al cachorrillo detrás de las orejas.
—Es un hermoso animal. ¿Cómo se llama?
—Hachiko —dijo el profesor.
El profesor Ueno tenía una rutina, y el perro rápidamente se adaptó a ella. Cada tarde, el profesor llegaba a la estación de trenes desde su trabajo en la Universidad de Tokio. Y cada tarde, Hachiko se escapaba de la casa para esperarlo en la estación de trenes y acompañarlo hasta la casa.
Pero un día, el profesor no volvió. Había sufrido un infarto en plena clase. Hachiko no sabía lo que había sucedido, así que fue a la estación de trenes a la hora de siempre. Esperó; y luego se fue a la casa para quedarse con el jardinero. Día tras día, el perro siguió yendo a esperar el tren de la tarde. Los empleados de la estación trataban de ahuyentarlo.
Un ex alumno del profesor fue quien se fijó en la lealtad del perro y compartió la historia en un periódico local. Los pasajeros del tren comenzaron a buscar al perro, y darle comida y premios. Durante nueve años y nueve meses, Hachiko iba cada día a esperar a su dueño. Hoy, en la estación de trenes, hay una estatua del perro sentado, en leal expectativa.
¿Tienes un amigo tan leal como Hachiko? Quizá sí, o quizá no. Pero lo que sí tienes es un Padre celestial que nunca se dará por vencido contigo. Incluso si huyes en un impulso egoísta, él esperará a que regreses. Quizá puedes devolverle el favor esperando su regreso en paciente expectativa. Kim
«Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos» (Sal. 103:17).
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
