“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. “ Hebreos 12:1,2

Era destacable su esfuerzo y esmero en los entrenamientos; su constancia y perseverancia para lograrlas metas… porque Valeria nunca pudo caminar. Un tumor en su columna hizo que se trasladara por la vida en silla de ruedas. Múltiples operaciones le acarrearon dolores y frustraciones, pero no le quitaron el optimismo ni las metas.
Valeria completó hace una decena de años el colegio secundario, donde fue mi alumna y aprendí a valorar su ejemplo de vida. Hoy, en el tránsito congestionado de la gran Buenos Aires, conduce sola su auto adaptado para discapacitados para llegar a su trabajo en los Tribunales de la Nación. Ha terminado su carrera de Abogacía y está haciendo planes de casarse con Ángel y radicarse en la Patagonia.
Amiga, el texto bíblico de hoy habla de una competencia. En ella, todos pueden ganar. Nunca pierdas de vista a tu Salvador. Mantén una relación continua con él. Como la carrera cristiana dura toda la vida, exige perseverancia ante los sucesivos chascos y dificultades, y paciencia para esperar el galardón. Se presentarán atracciones para desviar tu atención del Salvador, pero avanza hacia la meta demostrando ante el mundo y los ángeles que la esperanza de ver el rostro de Cristo es digna de todo esfuerzo. Una hermosa corona de oro y la vida eterna te esperan.
Rosa A. Otto de Quispe, Argentina
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen