Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. ROM. 8:25.
Charlotte Collyer se aferraba a una esperanza, aun cuando lloraba la pérdida de su esposo a bordo del Titanic.
Le escribió a su suegra lo siguiente: «Algunas veces siento que vivimos demasiado el uno para el otro, y que por eso lo he perdido. Pero, mamá, nos veremos en el cielo. Cuando esa orquesta tocó «Cerca, más cerca de ti», yo sé que él pensó en usted y en mí, porque ambas amamos ese himno».
Charlotte rememoraba a los valientes miembros de la orquesta del Titanic que siguieron tocando ese himno, aun cuando la enorme nave se ladeaba y comenzaba a hundirse en el Atlántico. En medio de todo ese pánico, de la confusión y los gritos de angustia, sus instrumentos pusieron una nota de esperanza en la cubierta, la gran esperanza de encontrarse con Dios. Y eso era lo que sostenía a Charlotte en su hora más triste. Pensar en encontrarse con su amado en el cielo, de verlo cara a cara, ése era su consuelo.
Melody Homer se aferra a esa misma esperanza también. Su esposo, Leroy, falleció en el terrible accidente del vuelo número 93 de la compañía United, cerca de Shanksville, Pensilvania, el 11 de septiembre de 2001. En lugar de albergar amargura contra los asesinos de su esposo, Melody se aferra a la esperanza de la segunda venida. Cuando la entrevisté en su hogar en Nueva Jersey, ella dijo con tranquila confianza: «Sé que no es la última vez que veré a Leroy. Un día iremos juntos a encontrarnos con Jesús en el cielo».
La fe de Melody tocó mi corazón durante esa entrevista. Su valor me animó. Ella se daba cuenta del dolor que la muerte súbita de su esposo le había ocasionado. También era realista acerca de la esperanza que late en su corazón sobre la venida de Jesús.
La muerte no es el adiós final. Es sólo una breve pausa. Es el preludio de Dios de la eternidad. Sin la esperanza de la resurrección, la muerte sería un fin trágico. Con esa esperanza esperamos un nuevo comienzo.
Arde en nuestros corazones la gloriosa esperanza de reunirnos con nuestros seres queridos cuando Jesús vuelva. Esta esperanza nos da el ánimo para enfrentar el día de hoy y mil días de mañana. Seca nuestras lágrimas y nos señala otro tiempo y lugar, donde nuestra ansiosa expectativa dará lugar a una gloriosa realidad.
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

