«El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo».
I Juan 2: 6
El evangelio no ha de ser presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva para cambiar la vida. Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder. Quiere que sus siervos atestigüen que por su gracia los seres humanos pueden poseer un carácter semejante al suyo y que se regocijen en la seguridad de su gran amor. Quiere que atestigüemos que no puede quedar satisfecho hasta que la familia. humana esté reconquistada y restaurada en sus santos privilegios de hijos e hijas.— El Deseado de todas las gentes, cap. 86, p. 782.
El pueblo de Dios debe distinguirse por un servicio completo, un servicio de corazón; no debe arrogarse ningún honor, pero sí recordar que ha hecho pacto solemne de servir al Señor, y a él solamente.— Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 16.
Dios exige que sus hijos sean perfectos. Su ley es una copia de su. propio carácter, y es la norma de todo carácter. Esta norma infinita es presentada a todos a fin de que no haya equivocación respecto a la clase de personas con las cuales Dios ha de formar su reino. La vida de Cristo sobre la tierra fue una perfecta expresión de la ley de Dios, y cuando los que pretenden ser hijos de Dios llegan a ser semejantes a Cristo en carácter, serán obedientes a los mandamientos de Dios. Entonces el Señor puede con confianza contarlos entre el número que compondrá la familia del cielo. Vestidos con el glorioso manto de la justicia de Cristo, poseen un lugar en el banquete del Rey. Tienen derecho a unirse a la multitud que ha sido lavada con sangre.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 24, pp. 259-260.
Todas las cosas deben ser vistas a la luz del ejemplo de Cristo. Él es la verdad. Él es la verdadera luz que alumbra a todo ser humano que viene a este mundo. Escuchemos sus palabras, imitemos su ejemplo de abnegación y sacrificio, y miremos a los méritos de Cristo para obtener la gloria de carácter que él posee. Los que siguen a Cristo no viven para agradarse a sí mismos. Las normas humanas son como cañas débiles. La norma del Señor es la perfección de carácter.— Testimonios para los ministros, cap. 15, pp. 379-380
EL PACTO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
