<<Yo sé que siempre me oyes>>
Juan 11: 42
¿Escucha Dios siempre nuestras oraciones? Hay quienes enseñan que eso depende de nuestra fe, de nuestro fervor, de nuestra humildad y de nuestra disponibilidad. Yo diría, sin embargo, que nos escucha siempre. Pero, como padre, es demasiado bueno e inte1igente como para darnos todo lo que le pedimos, aunque nos expresemos con todo candor y con toda vehemencia.
A veces solo nos da lo que nos conviene. a veces su respuesta es <NO>
Recuerdo a uno de mis alumnos que se me quejaba a menudo diciendo: «Yo he orado muchas veces y muy pocas he recibido respuesta».
Yo no puedo saber de ninguna manera si han sido o no respondidas todas las peticiones hechas a Dios: Lo que sé es que, si quedan súplicas por contestar, no son tanto las que nosotros hacemos a Dios como las que Él nos hace a nosotros: «No juzguen, para que no sean juzgados» (Mat. 7: 1, RVA15) si tienen algo contra alguien; perdónenlo» (Mar. 11: 25, RVAIS), «den a los pobres porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón» (Lucas 12: 33-34;.NVI); «ámense unos otros de la misma manera en que yo los he amado› (Juan 15: 12, NTV) «estén siempre gozosos. Den gracias a Dios en todo» (1 Tes. 5:16, 18. RVC), etcétera.
Ante el aparente silencio de Dios, la Biblia nos exhorta a «orar sin cesar» (1 Tes. 5: 17) es decir, a mantener la relación, sabiendo que, él nos ayudará a aceptar la realidad en la que nos toca vivir y a trascenderla. Porque «orar sin cesar» no significa que Dios solo cede al cabo de una larga y machacona insistencia por nuestra parte, sino que podemos sentir su presencia en cualquier circunstancia:. fregando los platos; conduciendo un automóvil, trabajando o estudiando.
Jesús estaba seguro de que Dios le escuchaba en cualquier circunstancia: «Yo sé que siempre me oyes». Por eso insiste en repetir que Dios nos escucha siempre (ver Mat. 6: 6). Ni siquiera es imprescindible cerrar los ojos o doblar las rodillas, porque cuenta más la disposición interior que la posición de los párpados o de las piernas. Pero sí orar es aproximarnos a Dios y abrirnos a su influencia, los momentos más enriquecedores serán nuestros encuentros a solas, cuando estamos receptivos y listos al diálogo, dispuestos a escuchar y disponibles para servir.
Así vengo ante tí hoy.
ÉL Y YO A SOLAS
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por: Roberto Badenas
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García
