jueves , 10 septiembre 2026
Matinal Para Damas 2023

NO TENGAS MIEDO, HIJA

No tengas miedo, ciudad de Sion; mira, tu Rey viene montado en un burrito. Juan 12:15, DHH

La entrada triunfal a Jerusalén es mencionada por los cuatro  evangelios y profetizada por Zacarías  e Isaías, pero solo Juan  menciona las palabras textuales  de la profecía:  «No temas,  hija  de Sion»,  Zacarías 9:9 anuncia: «Alégrate mucho; hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu  rey vendrá  a ti, justo  y salvador,  humilde,  y cabalgando sobre  un  asno, sobre un pollino hijo de asna».

Hay una  relación  estrecha entre «no tener miedo»  y «alegrarse mucho». La multitud reunida para la fiesta de Pascua era diversa: curiosos, turistas, verdaderos  adoradores,  indiferentes.  Ese gran  día Jesús proclamó el reino a todos  estos  grupos.  Fue la gente  común,  no los habitantes de Jerusalén sino los turistas  de la fiesta,  quienes  dieron  honor  y alabanzas  a Jesús  con aclamaciones de gozo. A veces los más cercanos al templo  del Señor son los más distantes del Señor del templo.

Cuando yo era niña, mi madre  me llevaba  a su Iglesia  Católica cada Domingo de Ramos. Cada uno recibía una rama de palma y entonábamos el canto: «¡Hosanna!  ¡Hosanna! ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor».  No  tenía  idea del significado  de lo que hacía;  espero  que Jesús haya aceptado mi ingenua  alabanza. Solo cuando  dejas atrás todo  miedo y prejuicio  quedas  apta para una alabanza  genuina.

Las palmas  eran  símbolo  de victoria y triunfo (ver CS, p.  646). Jesús estaba conquistando los poderes de las tinieblas con su propia muerte. Aceptó con gracia aquel homenaje, aunque  quienes  lo ofrecían  desconocían que por  medio  de ellos se estaba cumpliendo la profecía. Cargar  ramas  en las manos  era también parte de la ceremonia de los tabernáculos (ver Levítico 23:40). Ese día el símbolo  y la realidad  se encontraron. Ese grupo  de visitantes  ingenuos  estaba reconociendo que Jesús era el Rey de Israel que traía salvación. Fue la única vez que Jesús aceptó un acto de adoración. Exhortó a Jerusalén a no tener miedo. Lloró por las almas temerosas, entonces  lloró por  tus miedos  y los míos.

El regocijo y el miedo no pueden  andar juntos, son enemigos. El miedo es especialmente enemigo del gozo espiritual. Te roba el deleite de la alabanza. Jesús  te dice:  «No tengas  miedo,  hija.  Alégrate,  libérate de la opresión  del miedo  y alábame».

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Lecturas Devocionales para Damas 2023
“HIJA MÍA, ¡NO TENGAS MIEDO!”
Por: ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE
Colaboradores: Gabriela Torres & Adriana Jiménez

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