jueves , 23 abril 2026
Matinal Para Damas 2014

No son fotocopias

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“Hicisteis foso entre los dos muros para las aguas del estanque viejo; y no tuvisteis respeto al que lo hizo, ni mirasteis de lejos al que lo labró. “  Isaías 22:11

Los padres nos equivocamos al pretender que todos nuestros hijos sean iguales o actúen de la misma manera, sin darnos cuenta de que cada uno de ellos es único e irrepetible. Cometemos el error de no valorar sus esfuerzos, creando un vínculo más fuerte con uno de ellos y pretendiendo que los demás sean como él. Como padres y primeros maestros de nuestros hijos debemos saber que el respe­to es una virtud que les permitirá crecer armónicamente. Cada hijo tiene el derecho de ser tratado, querido y valorado por lo que es.

Las primeras lecciones de respeto comienzan a nuestro lado, en la manera como los tratamos y como les mostramos nuestra confianza por sus dones y ta­lentos particulares. ¡Cuántas veces nuestros hijos se resienten porque ignoramos sus esfuerzos, y así les demostramos que no los respetamos ni consideramos!

Si los hijos crecen en un ambiente de respeto sabrán respetar afectuosamente a los demás. Si observan en sus padres un comportamiento de respeto difícilmente crecerán irrespetuosos y desconsiderados. Las lecciones vienen de los pequeños detalles: escucharlos, evitar críticas, cuidar el tono de voz y los gestos de desprecio y fastidio.

En nuestra sociedad se ha perdido el respeto al otro porque primeramente se perdió el respeto entre esposos, padres e hijos ¿Qué palabras usamos? ¿Qué actitudes tenemos? ¿Cómo nos relacionamos? ¿Usamos palabras injuriosas, ac­titudes despectivas y discriminatorias?

Empecemos hoy marcando la diferencia. “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar” (1 Ped. 2:18). Cuando leí este versículo pensé que a veces se aplica también a la familia.

Elena G. de White asegura: “Los que están unidos por vínculos sanguíneos se exigen mucho mutuamente. Los miembros de la familia debieran manifestar bondad y el amor más tierno.” (Conducción del niño, cap. 74, p. 475). Como padres debemos hacer nuestra parte y Dios hará la suya porque ama a nuestros hijos y desea lo mejor para nuestro hogar.

María del Pilar Calle de Hengen, Uruguay

Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen

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