Te sustentó con maná, comida que ni tú ni tus padres habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre (Deuteronomio 8:3).

¿Acaso no tenía razón Judy? Nos alarmamos ante los datos que nos ofrece la ONU respecto a los millones que mueren por falta de comida; pero se oye un silencio aterrador cuando se trata de los que mueren por causa del hambre del alma. Nos preocuparnos por satisfacer nuestro apetito físico, mientras nuestro corazón se muere por falta de un pedazo de pan que lo anime a encontrar una razón para seguir latiendo. Es el hambre que nos ataca con insomnio, que nos convierte en islas, nos sumerge en el lóbrego silencio y, como a Ana (la madre del profeta Samuel), nos llena de amargura. Necesitamos satisfacer esa hambre, y para ello tenemos que apartar tiempo para “alimentar nuestras almas”.
Nuestros más profundos anhelos no se satisfacen con cosas; se requiere mucho más. Moisés le dijo al pueblo que las aflicciones, la falta de recursos, las carencias que conlleva vivir en un mundo pecaminoso, han de hacernos “saber que no solo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová” (Deuteronomio 8:3). La necesidad nos empuja a la búsqueda de lo material, pero Dios espera que nuestras necesidades físicas nos hagan saber que tenemos que alimentar el alma con lo que sale de la boca del Señor.
Sin las palabras que salen de la boca divina, nuestras almas siempre estarán hambrientas, incluso criando la nevera este llena. Sí, también tenemos que alimentar nuestras almas.
- Makoto Fujimura, Culture Care: Reconnecting with Beauty for Our Common Life (Downers Grove, Illinois: IVP Books, 2017), p. 1.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2023
«YO ESTOY CONTIGO» Promesas Bíblicas para vivir confiado
Por: VLADIMIR POLANCO
Colaboradores: Silvia Garcia y Alexandra Pérez