«Yo, el Señor, digo: Yo mismo voy a encargarme del cuidado de mi rebaño. Como el pastor que se preocupa por sus ovejas cuando están dispersas, así me preocuparé yo de mis ovejas; las rescataré de los lugares por donde se dispersaron en un día oscuro y de tormenta. Las sacaré de los países extranjeros, las reuniré y las llevaré a su propia tierra. Las llevaré a comer a los montes de Israel, y por los arroyos, y por todos los lugares habitados del país. Ezequiel 34: 11-13, DHH

CRISTO VINO A PONER la salvación al alcance de todos. Sobre la cruz del Calvario pagó el precio infinito de la redención de un mundo perdido. Su abnegación y sacrificio propio, su labor altruista, su humillación, sobre todo la ofrenda de su vida, atestiguan la profundidad de su amor por la humanidad caída. Vino a esta tierra a buscar y salvar a los perdidos. Su misión estaba destinada a todos los pecadores de todo tipo, de toda lengua y de toda nación. Pagó el precio para rescatarlos a todos y conseguir que se le unieran y se solidarizaran con él. Los que más yerran, los más pecaminosos, no fueron pasados por alto; sus labores estaban especialmente dedicadas a aquellos que más necesitaban la salvación que él había venido a ofrecer. Cuanto mayores eran sus necesidades de reforma, más profundo era el interés de él, mayor su compasión, y más fervientes sus labores. Su gran corazón lleno de amor se conmovió hasta lo más profundo en favor de aquellos cuya situación era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia transformadora.
En la parábola de la oveja perdida se representa el maravilloso amor de Cristo por los que yerran, los que andan sin rumbo. No prefiere quedarse con aquellos que aceptan su salvación, dedicándoles a ellos todo su esfuerzo, y recibiendo de ellos su gratitud y amor. El verdadero pastor abandona el rebaño que lo ama, y va al desierto, soporta penurias y arrostra peligros y muerte, a fin de buscar y salvar la oveja que se extravió del redil, y que va a perecer si no se la trae de vuelta. Cuando, después de afanosa búsqueda, halla a la oveja perdida, el pastor, aunque cansado, dolorido y hambriento, no deja que esa oveja débil le siga ni la arrea, sino que la toma en sus brazos, y cargándola sobre sus hombros, la lleva de vuelta al redil.— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 568-569.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
